Este martes la bancada de Morena presentará una iniciativa en Cámara de Diputados para modificar –vía “fast track”– la Ley Orgánica del Congreso y así conservar la presidencia de la Mesa Directiva en San Lázaro.

De utilizar su “aplanadora” para dicho propósito, el partido mayoritario podría llevar las tensiones con la oposición a un punto de quiebre que pondría en entredicho su propia agenda legislativa y la interlocución con grupos minoritarios.

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Recordemos que tanto por ley como por acuerdo político, le corresponde a Acción Nacional presidir la Mesa Directiva durante el segundo año de la Legislatura, al ser segunda fuerza en la Cámara.

Sin embargo, el pasado domingo, Morena usó su mayoría para rechazar con 259 votos en contra la propuesta del PAN para que Xavier Azuara presidiera la Mesa. 

La maniobra permitió que el presidente en funciones, el morenista Porfirio Muñoz Ledo, se mantuviera al frente de la Cámara por cinco días más, dando tiempo a que la bancada obradorista presente una iniciativa para modificar la ley y conservar ese coto de poder.

Dicha iniciativa será presentada hoy mismo presumiblemente para que el grupo parlamentario que tenga mayoría absoluta en la Cámara –como es el caso de Morena– pueda conservar la presidencia de la Mesa Directiva durante toda la legislatura. 

En respuesta, el coordinador de los senadores del PAN, Mauricio Kuri, ya aseguró que tiene un acuerdo con los grupos parlamentarios del PRI y Movimiento Ciudadano: si Morena no respeta la Ley en Cámara de Diputados, la oposición en el Senado no aprobará ninguna de las reformas constitucionales prioritarias para el presidente Andrés Manuel López Obrador.

En el Senado, Morena y sus aliados no cuentan con la mayoría absoluta necesaria para modificar la Constitución, por lo que este conflicto pone en riesgo la agenda de AMLO.

La pregunta es: ¿Por qué a pesar de ello Morena insiste en quedarse con la presidencia de la Mesa Directiva?

La Mesa Directiva de la Cámara conduce las sesiones y el desarrollo de los debates, formula el orden del día y se encarga de incorporar en el mismo las iniciativas a debatir. También puede levantar o aplazar las sesiones, y solicitar que la fuerza pública resguarde el recinto en caso de ser necesario. Estas facultades son clave en la conformación de la agenda legislativa, así como en la continuidad y/o interrupción de las discusiones, según se desee prolongarlas o reventarlas.

Sin embargo, Morena no perdería gran cosa si cede la presidencia de la Cámara, pues controla la Junta de Coordinación Política, preside la mayoría de las comisiones y –a diferencia de lo que ocurre en el Senado– logra la mayoría calificada en el pleno junto con sus aliados.

Quizá esta maniobra en realidad esté más relacionada con la lucha interna por la dirigencia de Morena, donde el coordinador de los diputados obradoristas, Mario Delgado, es contendiente.

Pero si la apuesta le sale mal a Delgado y atora reformas prioritarias como consecuencia de una represalia de la oposición en el Senado, el jefe máximo del partido podría no estar muy contento.