Durante los últimos días, la atención internacional se ha ido enfocando en los recientes sucesos que han acontecido en Líbano, Bielorrusia, como en Taiwán e Israel en lo particular, pero asimismo en la nominación de la candidata a la Vicepresidencia de los EEUU por parte del partido demócrata, Kamala Harris, como también el lanzamiento de la vacuna de la Federación Rusa (Sputnik V), que ha sido elaborada por médicos militares adscritos al Centro de Epidemiología y Microbiología Gamaleya. Todos estos elementos hacen repensar lo que habrá de ser el cierre de este año y lo que puede ser el comienzo del año 2021.

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Para realizar una debida revisión del panorama internacional, es importante considerar lo que en su momento el padre del realismo político, Hans Morgenthau se refería sobre el equilibrio del poder en plena Guerra Fría y que hoy ha sufrido una profunda transformación dicho balance entre las potencias hegemónicas, que se hace notar en la manera en la que se van suscitando diversos eventos, en determinados países y regiones.

El entender el delicado proceso de la estructura de la seguridad internacional, nos hace releer a un nuevo clásico como lo es Barry Buzan en su brillante investigación intitulada: Security. A new Framework for analysis, dicho texto elaborado junto con Ole Waever y Jaap de Wilde, nos hace recordar que el escenario global es mutable, cambiante y contradictorio, todo al momento, el viejo paradigma del poder nacional que descansa sobre la estructura de la acción política, económica, social y militar, debería verse, de acuerdo a Buzan y sus colegas en una nueva acepción: ambiental, societal, político, económico y militar; y más recientemente el Instituto William Perry de los EEUU, le agregó lo geopolítico y tecnológico, para entender la realidad del siglo XXI.

Más aún, recientemente un brillante geopolítico Peter Zeihan elaboró una fundamental investigación intitulada: Dis United Nations, en dónde se identifica que actualmente vivimos una especie de desgobierno, a causa de un dislocamiento en el funcionamiento del viejo orden mundial herencia de la Guerra Fría, en dónde diversos actores desean tener un papel más protagónico en el escenario global y regional.

La pandemia vino acelerar estos procesos, cómo es, entender el delicado juego geopolítico para mantener el equilibrio de poder en el cuál vivimos y más aún por los costos que puede traer una nueva guerra de alcance global cuyas implicaciones serían la extinción de la raza humana y de la vida en todo sentido como la conocemos a causa de los diversos arsenales nucleares existentes en nuestros días.

El analizar el momento crítico en el que actualmente vivimos, es de gran importancia a razón de cómo los centros de poder parece que gravitan hacia el escenario de Asía-Pacífico, sin embargo, los actos que siguen suscitándose en Europa Oriental nos hacen volver a mirar a lo que pasa en esta región, cuándo la Federación Rusa hace un acto de fuerza para mantener a Bielorrusia en su círculo de influencia, reconstruyendo poco a poco los límites territoriales de lo que fuera el imperio soviético, teniendo cómo intereses el mantener una voz de liderazgo al interior de Europa.

Los sucesos de la semana pasada en Líbano, nos hacen mirar a una región de milenaria conflictividad y crucial para el propio desarrollo de las naciones y culturas occidentales y que a razón de la explosión del barco Rhosus de propiedad de una empresa rusa declarada en bancarrota desde 2013, guardando en sus bodegas más de 2500 toneladas de nitrato de amoníaco; volvió a replantear la grave situación de la presencia de las milicias islámicas fundamentalistas en esa nación, pero sobre todo de una: Hezbollah, que abiertamente ostenta el apoyo del régimen teocrático de Irán, en dónde se pueden acentuar los problemas de estabilidad a causa de que Siria vive una delicada paz después de años de Guerra Civil cuando ISIS buscó el derrocamiento del gobierno de Bashar Al Asad, con la debida intervención de EEUU y la Federación Rusa por tener ahí intereses estratégicos como son los ductos de petróleo y gas que van a Europa y el estratégico puerto de Tartus.

La región mantiene la atención por la delicada situación política del gobierno de Benjamín Netanyahu y de su partido político el Likud, por diversas cusas que van desde corrupción y malas decisiones de diverso orden durante lo más critico de la pandemia del COVID-19 que debilita a cada día su actuación como gobierno en momentos de gran tensión en la región.

La isla de Taiwán, hoy se vuelve un referente geopolítico para entender que la RP de China no cuenta con todo el debido ejercicio de poder en la región del Mar de China, pues mantiene una alianza por demás estratégica con el gobierno de Washington, la cuál se ha fortalecido a razón de haber sido sus investigadores médicos y de sanidad los que dieron la alerta el primer día de este año de lo que estaba por acontecer con la entonces epidemia en Wuhan y que ante la incapacidad de la OMS por atender sus peticiones, esta escaló a una pandemia con los debidos estragos en todo sentido en cada país del mundo.

El equilibrio del poder debe verse por sus impactos en el entorno geopolítico regional o global como establece Buzan, pero siempre en términos políticos, económico, militares, societales y ambientales pero también geopolíticos y tecnológicos.

Los paradigmas para entender la seguridad internacional y a la seguridad y defensa de las naciones obligan a los gobiernos Estatales a repensar a cada momento en como se debe de replantear los esquemas bajo los cuáles se debe de gestar la convivencia internacional, el paradigma se cierra en este cambio constante con las elecciones en EEUU, pues de ganar el partido demócrata la elección presidencial, los movimientos geoestratégicos habrán de tener un nuevo giro y en ello México deberá de tener una posición por demás comprometida con su socio estratégico en la adecuación del orden internacional y de la seguridad internacional para los próximos años, se está gestando un nuevo realismo político.