Los recientes sucesos que se han visto en los EEUU, de una polarización creciente en los diversos sectores sociales, viene desde la propia creación de esta nación y que les han llevado a diversos procesos de confrontación como fue la Guerra Civil o las movilizaciones en la década de 1960 por los derechos civiles teniendo en personajes como Martin Luther King y Malcom X a sus principales exponentes, que a través de sus discursos, acciones y liderazgo lograron realizar una serie de cambios al interior de la sociedad estadounidense.

Asimismo los soldados y marinos que regresaron de combatir en Vietnam fueron otro catalizador de importancia para la población afroestadounidense, pero también de otras minorías que poco a poco estaban tomando mayor participación, como los hispanoparlantes, asiáticos y judíos; y posteriormente los diversos grupos étnicos árabes. Todos en conjunto aspiraban a ser parte del gran sueño estadounidense, de ver en esa nación la tierra de las oportunidades, de las libertades político y sociales, que ofrecía en la letra la Constitución y en los hechos, las posibilidades de estudio y de trabajo, para tener todo aquello que en otros países no se podía alcanzar.

Poco a poco, durante la Guerra Fría y con el triunfo de las democracias liberales sobre el totalitarismo soviético, los ajustes se fueron haciendo más evidentes, la sociedad estadounidense se volvió multiétnica, ofreciendo una diversidad de opciones para apoyar al continuo desarrollo como potencia global.  Las coyunturas en la política se estaban presentando con varios senadores de ascendencia cubana y mexicana, alcaldes y representantes eran hijos de migrantes latinoamericanos ó caribeños y que decir, de gobernadores cuyos tatarabuelos o bisabuelos habían vivido las épocas complicadas posteriores a la Guerra Civil o bien, habían participado en la defensa de los derechos civiles.

Más aún, la diversidad étnica y religiosa era un logro evidente de la conformación de la nueva potencia, de este modo, por primera vez en la historia de los EEUU, un ciudadano de ascendencia africana por parte del padre y de una mujer blanca, paso de ser un prestigiado académico a Senador de la República y posteriormente fue nominado a la presidencia por parte del partido demócrata, obteniendo un triunfo inobjetable, que hacia ver que la tierra de las oportunidades, era una realidad que las diferencias entre razas se habían acabado y que era el momento de seguir construyendo una sólida  democracia que defendiera los valores de las libertades humanas y económicas por todo el mundo.

Barack Hussein Obama, parecía el arquetipo de ese nuevo liderazgo, de la renovación del modelo político de la nación estadounidense, sin embargo, en una parte de la sociedad estadounidense, se fue gestando una especie de descontento por no ver los grandes cambios que había anunciado el entonces candidato demócrata en sus dos campañas electorales, por el contrario se mantuvo el status quo de la preponderancia del ejercicio del poder del grupo étnico blanco, más aún, la promesa de cerrar la cárcel de Guantánamo nunca se concreto como tampoco de reducir significativamente las  tropas en Medio Oriente y Asia Central.

A esto se sumó un acuerdo controversial con Irán en el que se involucraba gas y petróleo y el enriquecimiento de material nuclear para las plantas de energía iraníes, entre otros tantos asuntos que la sociedad estadounidense no vio como eficaces de la administración del primer presidente afroestadounidense, sin dejar de mencionar que fue en su periodo en el que más mexicanos fueron expulsados de esa nación y se acrecentó el poder del movimiento bolivariana en diversas partes de América latina.

Lo que se ha observado en los últimos días no es más qué la exacerbación de una constante que ahí ha estado y que a causa de las declaraciones del presidente Donald Trump, más la recesión económica, el aislamiento social y la incertidumbre sobre lo que habrá de pasar en las próximas semanas y meses acabó explotando por un acto que se pudo haber prevenido; de igual manera se debe de considerar en ésta delicada ecuación, de qué lo parecía cómo óptimo, de una nación multiétnica, a la postre parece que aún existen determinados sectores de la población que no están del todo conformes con dicha condición.

Pero lo que paso en diversas ciudades de EEUU, es el recordatorio de lo que está pasando en Hong Kong, es rememorar la matanza de la plaza de Tianaimen en Beijing en 1989 cuando la juventud china reclamó mayores espacios de libertad política y social, son las manifestaciones en Francia de los chalecos amarillos pidiendo reivindicaciones sociales y laborales.  Lo que está pasando con la sociedad global es que ha encontrado la punta del iceberg de cómo será su futuro, pues este se encuentra incierto, con gobiernos que no atinan a dar una respuesta óptima, eficaz y al instante para paliar el dolor que significa perder el empleo, la casa, la destrucción de una familia o la partida de un ser querido a causa del nuevo virus.

Estamos entrando en la faceta de la desubicación social, de la confrontación política y del choque económico que en nada sirve a las propias sociedades ahora en un conflicto interno, pues habrá gobiernos qué por sus características estarán recuperando su normalidad a causa de un serio compromiso con su población como es el ejemplo de Alemania, Israel o Nueva Zelanda, que ya tienen clara su hoja de ruta para salvar la presente situación.

No hay un camino único, pero lo que sí debe de haber, es el compromiso entre las fuerzas políticas y sociales para dar certidumbre en la salud, en lo económico  y en lo social en cada Estado-nación y aunado a ello, a establecer los debidos canales de comunicación diplomática para normalizar la vida de la sociedad global y sacarla del marasmo del miedo, la zozobra y la intranquilidad. En ello México esta en el momento exacto por redefinir el rumbo de lo que desea ser en los próximos años y décadas, pues en breve se dará el banderazo de salida para la reactivación global y en esto ¿Cuál será el papel que habremos de asumir?