En mayo de 2018, luego de que Ricardo Alemán fue víctima de una de las mayores persecuciones políticas contra un periodista mexicano, me dí a la tarea de buscar una explicación sobre lo que había pasado.

Encontré que durante meses, el candidato presidencial del partido Morena, López Obrador, había ordenado a sus remedos de Joseph Goebbels –los propagandistas Julio Hernández y Epigmenio Ibarra-, callar por lo medios que fuera a uno de sus mayores críticos; Ricardo Alemán.

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Curiosamente, días antes de la campaña lanzada en mi contra, un reputado lopista que argumentó “la amistad de los viejos tiempos”, me advirtió de lo que fraguaban, en el “cuarto de guerra” de López, en mi contra.

–¡La consigna es darte en la madre!–, me dijo en un “desayunadero” político, cuyo encuentro se encuentra registrado en video.

La verdad es que nunca imagine el tamaño de la persecución.

Meses después, y una vez que se había cumplido la persecución en mi contra, localice al orquestador de la campaña a sueldo, en redes sociales –de quien en su momento revelaré no sólo la identidad sino el monto de sus servicios–, y me confió la estratagema.

–A mi me pagaron por darte en la madre–, dijo sin más.

–¿Y por qué Ricardo Alemán–, le pregunte.

–Eso sólo tú lo sabes–, dijo, luego de dibujar una risa contenida.

Pasaron siete meses y, con López Obrador ya como presidente, decidí que era momento de buscar el regreso a un diario de la llamada “prensa nacional”, para colocar mi columna, el Itinerario Político, que lleva más de 30 años de aparecer en decenas de diarios de todo el país.

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No fue difícil coincidir con los dueños de los diarios más influyentes de México, en “comederos” y “desayunaderos” políticos.

Durante décadas, el trabajo periodístico me había acercado con casi todos ellos; hombres de empresa curtidos en la más depurada estratagema política.

Tampoco resultó complicado hablar con cada de ellos sobre lo que había sido la persecución en mi contra.

En realidad todos querían saber los detalles y los intríngulis del caso.

La mayoría no daba crédito a la historia.

Y tampoco fue necesario que Ricardo Alemán pidiera asilo para el Itinerario Político, una de las columnas más leídas en la ultima década.

¿Por qué?

Porque cuatro dueños de los más influyentes diarios mexicanos se adelantaron a confiarle a Ricardo Alemán la amenaza del presidente López Obrador.

Las cuatro versiones eran casi idénticas; difícil, si no es que imposible, una casualidad.

En todos los casos –en los cuatro casos–, los dueños de medios reconocieron, apenados, que en sus diarios no había lugar para Ricardo Alemán.

¿La razón?

–El presidente fue muy claro–, dijeron cada uno, palabras mas, palabras menos.

–Quien te contrate será considerado enemigo del presidente–, explicaron, cada uno a su modo.

Y viene a cuento la historia –parte del libro de mi autoría que preparo sobre la persecución ordenada por López Obrador en mi contra–, porque el pasado viernes, el presidente mexicano me dio la razón, de nueva cuenta.

Sí, en la intolerancia a la crítica incontenible, el viernes último –la mañana del 26 de febrero–, el presidente amenazó abiertamente a los dueños de los medios.

Les pidió que “se separen del poder político y del poder económico”; que “actúen con ética” y que “no engañen ni manipulen a los mexicanos”.

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El mensaje es claro; el presidente no quiere que los dueños de los medios tengan en sus nóminas a periodistas críticos; no quiere que los intelectuales critiquen a su gobierno en los medios.

Sí, como lo dijimos aquí desde hace casi tres años; el presidente Obrador amenaza a los medios y a sus dueños, si contratan voces críticas.

Se los dije.