La geopolítica como ciencia, tiene como una de sus características, el hacer un proceso de introspección de cómo el Estado se ha ido comportando a partir de las amenazas y riesgos que ha ido enfrentando a lo largo de su existencia, para ello, tenemos como un claro ejemplo, la manera en la que fueron elaboradas las propuestas de la talasopolítica de los EEUU a través del pensamiento del Contraalmirante en Retiro, Alfred Thayer Mahan y por el otro lado, las de Friedrich Ratzel, para establecer sus postulados de cómo Alemania, debería ser una potencia global.

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En primera instancia, Alfred T. Mahan, revisó de manera muy acuciosa, el proceso mediante el cuál, Inglaterra se convirtió en la reina de los mares y así concretar la creación de Gran Bretaña, que al mismo tiempo, le permitió construir el más grande de los imperios a partir del dominio del mar, haciendo uso de su condición insular, tal revelación en el análisis, le permitió a Mahan, establecer que los EEUU eran una isla por si condición biocéanica, pero que a través del Destino Manifiesto, el continente americano, se volvía por ende, en su propio espacio de control, luego entonces, América, la gran isla continental era su espacio de control para desplegar todo su potencial frente al resto del mundo y así ha sido, a partir de la victoria  aliada en la Segunda Guerra Mundial.

A su vez, para Friedrich Ratzel, las enseñanzas del Barón de Humboldt, que fueron dejadas en su investigación, Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España, lo obligaron en el último tercio del siglo XIX, a realizar un viaje a México, que hacía poco tiempo que había triunfado sobre el Imperio de Napoleón III y que era gobernado por Sebastián Lerdo de Tejada, estaba sumido en la pobreza, la incertidumbre y el aislamiento internacional; lo que motivo a cuestionar lo qué Humboldt había considerado referente a que la Nueva España sería una potencia cuando alcanzara su independencia. Con el desengaño a cuestas, Ratzel viajó a EEUU, en dónde observó una nación en proceso de consolidación de su proyecto de nación y en franco desarrollo económico, por lo que a su regreso a su nación, sus tesis geopolíticas para la naciente Alemania, estaban consideradas no en lo que vio en México, sino en EEUU.

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Estos dos ejemplos que se han expuesto, tanto en el pensamiento de Mahan como en el de Ratzel, existe un punto de inflexión fundamental y es referente al desarrollo que debe de tener el Estado, que le permita asumir, claramente, que tipo de amenaza o riesgo, se va a enfrentar en el corto, mediano y largo plazo. 

Para el caso de los EEUU, como potencia global, es asumir una seguridad y defensa solida en todas las aristas del Poder Nacional, pero ante todo, el baluarte que ha utilizado desde la Segunda Guerra mundial, es su capacidad de despliegue naval, como ahora lo sigue haciendo en la fusión de los comandos Indo y Pacífico para darle certidumbre a su mantenimiento como nación hegemónica en el primer tercio del siglo XXI.

Por el lado de Alemania, pese a su derrota en dos guerras mundiales, el ser un importante Hub, al centro de Europa, le ha permitido ser la pieza central (al lado de Francia) de la mas importante supra-estructura Estatal, que es la Unión Europea y que pese a las complicaciones que ha venido teniendo (y más por la Salida de Gran Bretaña), las condiciones de crecimiento europeo en cada vertiente del Poder Nacional, tiene en las acciones alemanas un firme componente para seguir siendo un actor con peso global.

Tanto EEUU como Alemania, supieron identificar las condiciones, no solo geográficas de su entorno inmediato, o las propias características de sus vecinos y la naturaleza de sus intereses, tuvieron un importante raciocinio de cómo establecer a partir de sus propias condiciones de desarrollo, la forma en ir afrontando tanto las amenazas y los riegos que pudieran frenar su devenir histórico y que se contrapusieran a su destino nacional.

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La geopolítica luego entonces, tiene una importante cobertura analítica para establecer cuáles son las amenazas y riesgos que la nación está por enfrentar o enfrentara en un tiempo determinado, pero esto se da a razón, de un profundo debate holístico, de su realidad interna y externa, de las características de sus intereses, de cómo esta estructurado el proyecto de nación, pero de igual manera, de cuáles son los objetivos que el Estado se ha propuesto para su futuro y en ello, queda una máxima geopolítica: el Estado vive o sobrevive.  En los casos de EEUU y Alemania, es obvio que han alcanzado el statu de naciones que viven, cuyos proyectos van en el sentido de ofrecer a sus respectivas ciudadanías, las mejores condiciones de confort y que deben ir a la vanguardia de la innovación en la aplicación de las libertades humanas y las garantías del pleno ejercicio de la democracia moderna.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, aún prevalecen Estados fallidos y otros más van en la ruta para dejar la condición de sobrevivencia, como en su momento México tuvo que sufrir a lo largo de buena parte del siglo XIX, sin embargo, esta condición no está exenta de amenazas y riesgos, que bien pueden tener un origen interno o externo, como también, la combinación de ambos y cuyas implicaciones pueden provocar la inestabilidad de instituciones consolidadas para el propio beneficio del Estado.

En el caso mexicano, su devenir histórico le había permitido ir remontando poco a poco, una condición de inestabilidad a lo largo del siglo XIX y que en el periodo porfirista, la nación alcanzó finalmente su statu de Estado, la revolución relanzó la institucionalidad y la globalización le ha permitido a México, alcanzar una diversificación, que le daba el alcance de un actor de alcance global.

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En pleno siglo XXI, hay voces que definen que la mejor política exterior, es la política interna. Este dicho que fue pronunciado en su origen por un profesor de la UNAM en la década de 1990, tuvo su origen en la incertidumbre que marco el fracaso del modelo soviético, sin embargo, en pleno 2021, las amenazas y riesgos, son palpables en la realidad de cada Estado, que van desde la migración ilegal, trata de armas y personas, cambio climático, competencia en las cadenas de valor, rivalidad tecnológica y científica, alta competencia comercial, como también las viejas amenazas que están representadas en las ojivas nucleares y arsenales de armas bacteriológicas.

Todos esos elementos, son de una enorme necesidad de ser evaluados de forma permanente y veraz, desde la parte gubernamental, como desde el ámbito académico y para México es crucial hacerlo para que el Estado viva y no permanezca a la zozobra de sobrevivir en un siglo por demás altamente demandante de identificar geopolíticamente a que amenazas y riesgos habremos de enfrentar en tiempos próximos y futuros.