Decía el teórico de la democracia, Giovanni Sartori, al referirse sobre las preguntas que debe hacerse un escritor escrupuloso: “¿qué quiero decir?, ¿qué palabras pueden nombrarlo?, ¿qué imágenes pueden expresarlo?, ¿es lo suficientemente fresca esta imagen como para tener algún efecto?”. Al querer establecer una diferencia entre su gobierno y el odiado neoliberalismo, López Obrador hizo una similitud entre “la gente humilde, la gente pobre” y los “animalitos que tienen sentimientos”, también con las “mascotas” que “ni modo que se les diga, vete a buscar su alimento, se les tiene que dar”. La selección de palabras y el mensaje que transmitió el Presidente hablan por sí solas, pero conviene abundar en ellas.

Dice el presidente que la concepción neoliberal llama populismo, paternalismo, a los apoyos que reciben por parte del gobierno las personas más pobres, sin embargo, equiparar a las personas más necesitadas con una dependencia a la autoridad que es la que provee, del tipo dueño-mascota, no solo es una falta de respeto sino también una visión que engloba clientelismo, sumisión y utilitarismo.

El argumento central que este gobierno utiliza una y otra vez es la eliminación de cualquier clase de intermediarios, para otorgar directamente los apoyos económicos que deben contribuir, se supone, al bienestar de las familias con mayores limitaciones y falta de oportunidades. Por ejemplo, la intermediación de las estancias infantiles supuso la cancelación del subsidio a ellas para otorgarlo de manera directa a los beneficiarios, sin reparar en que las estancias infantiles pueden dejar de existir por falta de recursos y entonces los beneficiarios (madres, padres, hijas e hijos) no tiene más la opción de solicitar el servicio y deben buscar cómo solucionar sus problemas de cuidado infantil.

En la estrategia de AMLO para establecer ese contacto directo con la gente o el pueblo, aún antes de asumir el mandato como presidente, el 16 de septiembre pasado, anunció el levantamiento de un “censo de bienestar” que comenzó en octubre con veinte mil “voluntarios” provenientes de las filas de Morena para, después, trasladar este levantamiento a la Secretaría de Bienestar. Así, sin mayor explicación, ni apego a la normatividad ni nada de esas “medidas burocráticas”, unas personas denominadas “servidores de la nación” lo mismo han recolectado información personal de miles de mexicanas y mexicanos sin que nadie sepa quién y cómo se resguarda la información recabada.

En una vuelta al pasado, el partido gobernante y el gobierno no tienen una frontera clara en cuanto a este tema. Los padrones de beneficiarios que se han estado conformando durante meses, antes y después del 1 de diciembre, son al mismo tiempo información para el gobierno y para el partido Morena, sirven para definir a la población objetivo de programas sociales y para determinar el mercado electoral del partido mayoritario, lo posee la Secretaría de Bienestar y la presidenta de Morena. La simbiosis partido-gobierno que caracterizó al sistema político mexicano la mayor parte del siglo XX, identificada como el PRI-gobierno, se ha sustituido muy rápido por el Morena-gobierno, donde no es mal visto, por ejemplo, que el Presidente de la República se reúna con el candidato de Morena al estado de Baja California para preparar la campaña electoral.

Se debe impedir que funcionarios del gobierno y dirigentes partidistas de Morena, o cualquier otro partido, compartan información por igual y, sobre todo, se oculte la responsabilidad de quienes debieron resguardar y proteger la información de miles de personas y sus datos personales. El posible uso clientelar y electoral de esa información, puede explicar por qué el presidente utilizó esas palabras en su conferencia mañanera: gente humilde, gente pobre, animalitos, mascotas.

Juan Zepeda Hernández, Senador de la República