Muchos pronosticaron un fracaso rotundo. Lo cierto es que no les faltaba razón.

¿Por qué?

Porque también es verdad que las tres manifestaciones anteriores –de repudio al gobierno dictatorial de López Obrador–, resultaron menores; apenas el esbozo de una sociedad que empieza a entender que no puede y no debe confiar en los partidos opositores y que el rescate de la democracia mexicana está en manos de todos nosotros; los ciudadanos.

Por eso, el dato revelador no es la cantidad de participantes en la marcha de ayer domingo –5 de mayo–, y menos el alcance del “¡fuera, fuera..!” que desde todo el país y desde El Ángel de la Independencia lanzaron miles de mexicanos al presidente.

No, lo verdaderamente revelador es que en sólo cinco meses de asumir el poder y a casi 300 días de ganar la elección presidencial, ya se han producido cuatro manifestaciones de repudio a un gobierno fallido.

Un gobierno “luminoso” no por sus éxitos, sino por sus escandalosos fracasos.

Un gobierno capaz de producir más desempleo, más pobreza, más inseguridad, un mayor precio de la gasolina; un gobierno que ha generado más secuestros, más feminicidios, más descontento, más división entre los mexicanos y más impunidad para los grupos criminales.

Un gobierno que en sólo cinco meses lleva a la economía mexicana al desastre, que ha provocado la fuga de capitales y la desaceleración de la economía, al extremo de que todas las calificadoras y organismos financieros del mundo calculan el crecimiento económico de 2019 menor al 1 por ciento.

Grito de miles de voces que se expresaron en las principales ciudades del país y que, sin duda, fue escuchado en Palacio Nacional.

¿Cómo será escuchado y recibido por López Obrador el sonoro “¡fuera, fuera, fuera!” que le regalaron miles de mexicanos agraviados por la ineficacia de su gobierno: ofendidos por la pedantería del tabasqueño; por miles de mentiras en casi nueve meses de ganar y cinco meses de ser el presidente?

Es posible que en el circo mañanero de éste lunes, López Obrador pretenda ridiculizar la marcha de repudio en su contra, cual sátrapa en el poder que insulta y recurre al estereotipo del fajador de Palacio.

Pero también es posible que el puñado de periodistas adiestrados y maiceados de Palacio –que son los que llevan la voz cantante en las mañaneras–, se presten a un montaje para ignorar la protesta.

Como quiera que sea, lo cierto es que ya resulta incontenible la tendencia de rechazo ciudadano al ineficaz gobierno de López Obrador; ya es irreversible el creciente repudio ciudadano y son imparables las expresiones que exigen poner fin a una pesadilla que amenaza con llevar al país a la ruina.

López Obrador y su gobierno pueden decir lo que quieran; engañar las veces que quiera y pueden inventar mentiras del tamaño de catedrales, pero no podrán mentir todo el tiempo y engañar a todos todo el tiempo.

Poco a poco despiertan y abren los ojos los desempleados, los asaltados, los decepcionados, los empobrecidos, los engañados, los abusados; las madres que han perdido un hijo, los hermanos que pierden un padre; las familias víctimas de feminicidios o que pierden a un hijo a causa de la proliferación de las drogas, del robo de mujeres para ser explotadas; poco a poco todos esos mexicanos agraviados se sumarán a las manifestaciones que vienen contra el mentiroso de Palacio.

Y es que si bien los partidos políticos opositores pueden seguir adormilados y sin reaccionar, también es cierto que la sociedad mexicana no es ciega, sorda y tampoco está fanatizada, en su mayoría.

Es el tiempo de los ciudadanos y, en México, esos anticuerpos llamados sociedad civil, están más vivos que nunca. Y están en la calle.

¡Se los dije!