De manera puntual se cumplieron todos los pronósticos.

Y es que una vez concluida la jornada electoral en seis entidades del
país se puede decir que se vivió un doble fenómeno ilegal: una “elección de
Estado” y una “narco-elección”.

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Irregularidades llevadas a cabo por dos ejércitos perfectamente
identificados: el ejército de servidores de la nación convertidos en mapaches
electorales y el ejército de matones del crimen organizado que no sólo compró
voluntades sino que secuestro funcionarios de casilla y amenazo con el
recurso más socorrido: “la plata y el plomo”.

Sí, resulta que en los procesos electorales para renovar los gobiernos de
Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas,
estuvieron plagadas de irregularidades, trampas y todo tipo de argucias para
retorcer la voluntad popular.

Es decir, se cumplió puntual la advertencia de que los gobiernos de
Morena –federal y estatales–, llevarían a cabo una “elección de Estado”,
mientras que con la complicidad oficial aparecieron todos los indicios de que
la participación criminal que hizo realidad las “narco-elecciones”.

Y la denuncia de todo tipo de trampas e irregularidades no solo estuvo a
cargo de los partidos opositores –PRI, PAN y PRD–, sino que los ciudadanos
se armaron de esa poderosa herramienta que son los dispositivos celulares
para documentar el “cochinero”.

Así, aparecieron servidores de la nación habilitados como promotores
del voto, que amenazaron a los beneficiarios de los programas sociales de que
perderían la dádiva su no votaban por Morena.

Se vieron “mapaches electorales” que fueron llevados presos y que
fueron enviados desde la Cámara de Diputados federal.

Los videos también identificaron funcionarios del gobierno de Claudia
Sheinbaum en labor de compra de votos y entrega de despensas, mientras que
los gobiernos de Morena en otras entidades desplegaron funcionarios públicos
para comprar votos.

La labor del crimen organizado no pasó inadvertida y menudearon los
videos de matarifes cerrando casillas, ordenando el sentido del voto,
expulsando funcionarios de oposición y secuestrando a opositores para
favorecer el fraude.

En Durango las trapas fueron tales que la candidata de Morena al
gobierno estatal, Marina Vitela impidió –con ayuda oficial–, que fueran
detenidos “mapaches electorales” que habían sido detenidos al momento de
comprar votos.

A las 15 horas, cuando buena parte de la jornada había transcurrido, el
representante del PRD en el INE ya denunciaba “una elección de Estado”, con
detalles del operativo llevado a cabo por el gobierno federal, el de la CDMX y
otros gobiernos estatales que participaron en las trampas para violentar la
voluntad popular.

Al cierre de las casillas en todas las entidades en juego, el partido
Morena aventajaba en los estados de Quintana Roo, Hidalgo, Oaxaca y
Tamaulipas, mientras que la alianza PRI, PAN y PRD ganaban Aguascalientes
y Durango.

Sí, asistimos a una grosera e ilegal “elección de Estado” combinada con
una “narco-elección” y se comprobó que Morena sólo puede ganar con
trampas y con su “alianza-narca”.

Se los dije.