AL TIEMPO

La cifra de víctimas mortales es incierta.

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Tampoco existe certeza sobre el tamaño de las secuelas que dejará en decenas de lesionados la tragedia en la Línea 12 del Metro.

Y menos se sabe quién indemnizará a las familias de víctimas mortales y a los heridos que no podrán volver a trabajar.

Lo único cierto, sin embargo, es que se trató de un crimen de Estado; otro crimen del gobierno de López Obrador y de su partido.

¿Y por qué fue un crimen de Estado?

Porque la responsabilidad recae en el presidente López Obrador pero también en Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y por supuesto que alcanza al gerente de Morena, Mario Delgado.

Pero vamos por partes.

1.- ¿Por qué el principal responsable se llama López Obrador?

Porque no sólo es el jefe de las instituciones del Estado; y no sólo es el jefe de Claudia Sheinbaum, de Marcelo Ebrard y de Mario Delgado, sino que es el principal responsable de la política de austeridad que impuso el gobierno federal a todas las entidades del Estado; entre ellas al Sistema de Transporte Colectivo Metro.

Sí, el principal responsable de la tragedia en La Línea 12 del Metro es López Obrador, ya que a causa de la austeridad provocó el descuido en la infraestructura del Metro y de todo el equipamiento vial y urbano.

2.- Luego la responsabilidad sigue en la jefa de gobierno de la capital del país; ciudad en ruinas que se cae a pedazos por la falta de mantenimiento y porque es conducida por una punta de irresponsables e ignorantes que nada saben y nada quieren aprender sobre su responsabilidad.

¿Y por qué Claudia Sheinbaum resultó ciega, sorda e indiferente ante el deterioro de toda la Ciudad de México?

La respuesta es elemental; porque más que gobernar la capital, utilizó el cargo como trampolín político, en espera de que su patrón la pudiera designar como sucesora al cargo de presidente de los mexicanos.

Sí, en lugar de atender las graves emergencias que todos los días presenta la Ciudad de México, la señora Sheinbaum se ha dedicado a hacer política y a robar dinero para su futura candidatura presidencial; aspiración que se derrumbó junto con el Metro.

Y, claro, también se derrumbó la campaña electoral de Morena en la capital del país, en donde el Metro sepultará a no pocos candidatos del partido de López Obrador.

3.- La responsabilidad de Marcelo Ebrard es de otro tipo. El preferido de Palacio es “el padre de la criatura”; ya que ideó y ordenó la construcción de la Línea 12 del Metro. Por tanto, es el mayor pillo de una obra deficiente, peligrosa y que terminó por derrumbarse una vez que Marcelo se negó a escuchar las voces de quienes advirtieron que el Metro era un peligro latente.

Y por supuesto que a Marcelo nada le importó por que también construye su candidatura presidencial; porque se ha ganado el favor del tirano de Palacio y porque cree que será el heredero de AMLO.

Lo que Marcelo no sabe es que su candidatura presidencial también quedó sepultada en los escombros de la Línea 12 del Metro.

Y no va a pasar mucho tiempo para que del interior del partido Morena, se pida su cabeza por los escandalosos casos de corrupción que hoy están apareciendo con la tragedia de la Línea 12 del Metro.

4.- Pero acaso el mayor culpable de todos se llama Mario Delgado, el operador financiero de la obra más grande en la gestión de Marcelo Ebrard, al frente del gobierno de la CDMX.

Y es que el hoy gerente de Morena fue el operador financiero de Marcelo y, por tanto, el responsable de las pillerías descomunales que se cometieron en una obra como la Línea 12 del Metro.

¿Cuánto dinero se robaron Marcelo y Mario en esa obra?

Por lo pronto, el único responsable se llama López Obrador, si usamos el mismo rasero empleado por AMLO y su pandilla para acusar a Calderón por la tragedia de la Guardería ABC; el mismo criterio empleado para acusar a Peña Nieto por el crimen de Los 43 y por la tragedia “del socavón” en el libramiento de Cuernavaca, de la autopista México Acapulco.

Y sí, en un país democrático, todos los implicados en una tragedia como la del Metro debieran estar en prisión.

Pero en México no pasa nada y tampoco pasará nada mientras el cinismo de Estado continúe como la más poderosa política pública del gobierno de Obrador.

Y es que López se atrevió a lo impensable; culpar a los medios por la tragedia.

Se los dije, fue un crimen de Estado.