Desde el senado, ¿nos espera reforma judicial? Los documentos filtrados que hablan de un paquete de reformas realmente preocupantes en esta materia, quedaron en segundo plano ante una ocurrencia más del presidente que se llevó el trending topic: la rifa del avión presidencial. 

La serie de simbolismos en que el actual gobierno se ha sostenido, me traen a la mente una anécdota del presidente Adolfo López Mateos -libro México Bizarro- de esas  historias tan inverosímiles como absurdas que solo en nuestro país los gobiernos las han hecho ciertas y patentado. 1964 -ultimo año de gobierno de López Mateos- tuvo lugar la inauguración del laboratorio de análisis clínicos del Hospital Juárez, la modernidad en equipos médicos. Todos los aparatos eran nuevos, de primer nivel. ¡Oh sorpresa!, cuando los empleados llegaron después de la inauguración a buscar el nuevo material para realizar su trabajo, éste había desaparecido, fue desmontado porque los necesitaban para otra inauguración. Esa política de la simulación que a décadas de distancia no hemos logrado superar.  Así que todos se tuvieron que conformar con la foto y haber saludado al presidente. ¡¿Dónde he visto esa imagen?! 

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El tema del avión presidencial es un simbolismo más de este gobierno, una más de esas historias que por absurda que parezca quedará en los anales de la historia de este país. 

El presidente necesitaba la foto de la aeronave saliendo del país, había sido una promesa de campaña, había que cumplirla, había que salir a decirle a la gente lo que quería escuchar, pero nunca dijo que esa foto -resultados estériles- le iba a salir a los mexicanos en más de 30 millones de pesos, costo por tener el avión estacionado un año en Estados Unidos. Ahora con la rifa estaría obteniendo de los mexicanos 3 mil millones poniendo a la venta 6 millones de boletos de la lotería  a 500 pesos cada uno. Que el pueblo siga pagando sus ocurrencias. 

El tema inundó de memes las redes, bajo el hashtag #SiMeGanoElAvión, las burlas trascendieron a la prensa internacional. Pero ni tan tonto ni tan inocente el primer mandatario, borró de la agenda del día el tema del INSABI y la reforma judicial: salud y seguridad, los dos grandes temas que están costando vidas en este país. Queriendo o sin querer, el presidente levantó una cortina, aunque se tragara su propio humo. 

La reforma judicial que se plantea, documentos filtrados, incluye tópicos por demás preocupantes, en su mayoría reformas inconstitucionales, adversas a los tratados internacionales, una marco legal digno de una dictadura. Estamos hablando de desarticular la autonomía de un órgano, vulnerar la presunción de inocencia, de regresar a prácticas ilícitas para sustentar una acusación, tortura, espionaje: un sistema que reviviría de gozo al propio Negro Durazo. ¿Es tanta la desesperación de dar resultados que hasta ahora no han dado en materia de seguridad que están dispuestos a regresar a prácticas ilícitas para aplicar “justicia”?, ¿cuántos inocentes pueden caer en este afán desesperado? 

Por otro lado está el tema del INSABI, un instituto que ni garantiza la salud, ni da bienestar, tan retorico como el discurso del propio presidente que desapareció de un plumazo el Seguro Popular bajo el dicho de “Ni es seguro, ni es popular”. En las mañaneras la palabra del presidente impera, se empeña en decir que todos los servicios son gratuitos; pero lo que nadie le ha avisado es que la reforma que hicieron no cubre el tercer nivel -alta especialidad- lo que hoy deja en la incertidumbre a miles de mexicanos con enfermedades graves. No hay discurso que le gane a todas esas historias de pacientes que están viendo nulificadas sus posibilidades de continuar con sus tratamientos, esos recibos de servicios médicos imposibles de cubrir. 

Con la salud y la seguridad no se puede improvisar, la curva del aprendizaje que a más de un año el gobierno en turno no termina de atravesar está costando vidas. A tan solo un año de haber asumido el poder, los mexicanos estamos pagando los frentes abiertos de Morena, la inexperiencia y perversidad de moverse bajo el esquema de una política más que nada electorera, dejando de lado las políticas públicas.

 

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