La etapa de campañas ha terminado, viene un momento de reflexión para el ciudadano y de organización del ejército electoral, que habrán de movilizarse rumbo a la casilla correspondiente y emitir su voto.

Es el voto el acontecimiento político electoral decisivo, que expresa la voluntad del ciudadano, que premia o castiga a candidatos, partidos y autoridades.

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El cómputo de la casilla y su resultado definen la jornada electoral del próximo domingo, 6 de junio, ahí se construye el triunfo o la derrota por la representación política.

Gobernadores, presidentes municipales, alcaldes y concejales, síndicos y regidores, legisladores federales y locales, serán ungidos por el elector como autoridades; y después, pasadas las impugnaciones esperadas, habrán de asumir la responsabilidad y el compromiso de cumplir las propuestas realizadas durante la campaña, expresadas en sus documentos partidarios y en múltiples discursos, spots y reuniones con militantes y simpatizantes.

Haber convencido a los votantes, individuales o grupales , a los colectivos imaginarios, desde luego que no ha sido tarea fácil, las condiciones de la pandemia continúan afectando el libre despliegue de los candidatos y de la forma en que se hacían las campañas pasadas, lo presencial ha devenido virtual, la cercanía y el trato directo han sido traslados a la distancia mediática, a las redes sociales; el sabor de la política electoral ha sido limitado por la crisis de salud, por la inseguridad, por el impacto social de la crisis económica y, más aún por una gobernabilidad limitada. Las encuestas y tendencias están en todos los escenarios posibles, la información está abierta.

Las grandes propuestas electorales han sido llevadas a las frases fáciles y repetitivas, unos ensalzando lo supuestamente que han hecho bien, línea de gobierno e intención reeleccionista, otros han enfrentado y criticado lo poco o nada que se ha hecho en el gobierno; las imágenes de los adversarios han sido denostadas e impugnadas, los trapos sucios han circulado en lavaderos públicos.

El discurso del odio ha emergido abiertamente, el lenguaje soez ha sido gala de candidatos apasionados y rijosos, hasta alcanzar el nivel más grave de la violencia y homicidios políticos, en donde la delincuencia organizada o no, por mérito propio o usada entre los competidores, ha llevado las batallas electorales a una pugna entre los grupos criminares por mantener o conquistar las plazas para sus fechorías.

La autoridad gubernamental y la electoral no han podido responder a estos actos de inseguridad y muerte, los llamados a una participación cívica y sin violencia, no han encontrado eco ni en candidatos ni en partidos, han sido convocatorias a misa.

La otrora fiesta democrática ha sido opacada por circunstancias que atemorizan y ponen en riesgo la jornada electoral, el temor, el uso de la coacción o la compra del voto emerge en estos días previos a la votación, los ejércitos electorales de partidos y candidatos, oficiales y oficiosos, recorren las calles, colonias, barrios y casas de los votantes, hacen su último esfuerzo conquistador de voluntades, de compromiso del voto, ese preciado botín en disputa.

Las diversas estrategias electorales están a la vista, las simulaciones también, todos los recursos son válidos, incluso la violación de la ley electoral, la mentira y la coacción, el fraude anticipado, los miedos de cada quien, la última manipulación, la venta de esperanzas y beneficios inexistentes, todo juega, todo cuenta, todo ha estado ahí, lo bueno y lo malo del proceso electoral.

Ha llegado el momento de la decisión, de la toma de conciencia, de refrendar o cambiar, de valorar la importancia de la democracia, de actuar y defender lo que se quiere, y el arma disponible, es el voto de cada quien. La soberanía del ciudadano está presente.

Los invitamos a votar por quien quieran, pero voten, ejerzan su derecho y cumplan con su obligación ciudadana, agotemos y desarraiguemos la violencia, la antipolítica y disfrutemos la fiesta de la democracia.

Finalmente, una gran felicitación a mujeres y hombres de mar, que el Día de la Marina conlleve a una política de estado, con desarrollo y seguridad nacionales.