El espectáculo es digno de las maromas que acostumbra el gobierno de López Obrador para desviar la atención de sus escandalosos fracasos.

Nos referimos a la escandalera por el asilo político que ordenó el presiente a favor del sátrapa dictador de Bolivia, Evo Morales.

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Como es costumbre los estrategas de la propaganda lopista pretendieron emparentar el asilo a Evo Morales con gestas históricas de puertas abiertas a las víctimas de dictaduras como las de Franco, en España; Pinochet, en Chile y muchas otras en los años 60, 70 y 80 del siglo pasado.

Y a pesar de lo grotesco de la comparación –porque el gobierno de AMLO asila a un dictador y los gobiernos de Cárdenas, Echeverría y López Portillo dieron asilo a las victimas de los dictadores–, lo cierto es que fueron muchos los que por momentos olvidaron lo verdaderamente grave en México.

Y es que volvió a funcionar la estratagema de López Obrador para distraer la atención, igual que hizo con el supuesto golpe de Estado, igual que hizo con la supuesta guerra contra el huachicol; igual que hizo con la compra de pipas que nadie ha visto.

Está claro que el ridículo seguimiento del minuto a minuto de la llegada a México de Evo Morales pretendió desviar la atención de grandes problemas –como el fracaso de la política de seguridad y contra la violencia–, al tiempo que los aplaudidores del régimen inundaron los medios, las redes y los digitales con una suerte de espectáculo del humanismo y la buena voluntad.

Pero no todos se tragaron el cuento del asilo político a Evo Morales.

Muchos ciudadanos compararon, de inmediato, el despilfarro del dinero público para dar asilo a un sátrapa como el depuesto presidente de Bolivia, y los recortes presupuestales en áreas e instituciones estratégicas, como la salud. Es decir, si hay dinero para el circo a favor de Evo Morales, pero no para los niños con cáncer.

Otro contraste obligado fue el de comparar el fraude electoral descomunal que llevó a cabo Evo Morales para mantenerse en el poder en Bolivia y la gritería contra el fraude electoral que por años encabezó López Obrador. 

Es decir, resulta que el sátrapa presidente Morales fue echado por el pueblo boliviano en repudio al fraude electoral, pero el gobierno mexicano asila a Morales dizque a causa de un golpe de Estado.

Lo cierto es que asistimos al circo del poder; al circo de López Onrador quien pretende desviar la atención de los escandalosos fracasos de su gobierno en apenas once meses de gestión.

Y los fracasos –y lo que no podemos olvidar los ciudadanos–, están a la vista de todos. ¿Cuáles fracasos?

1.- El fracaso en materia de seguridad y contra la violencia. Hoy 12 de noviembre, se cumplen 342 días del gobierno de López Obrador y se contabilizan casi 33 mil muertes violentas; un promedio de cien muertes violentas por día; cifra que es mayor a algunas de las guerras de las últimas dos décadas en el mundo.

2.- El fracaso económico que ha repercutido en un escandaloso desempleo y en la paralización de la actividad industrial al grado que la economía mexicana ya está en recesión.

3.- El fracaso democrático que está a la vista de todos cuando desde la casa presidencial se someten instituciones fundamentales, como el INE, el Tribunal Electoral, la CNDH y otras que han sido colonizados por el poder presidencial.

4.- Al fracaso democrático se suma el fracaso en los contrapesos, ya que han sido capturados por el presidente los poderes Legislativo y Judicial, lo que rompió la división de poderes.

5.- Y por último el fracaso en la popularidad del presidente. Hoy lo apoyan no más del 50 por ciento de los encuestados, según distintas mediciones.

Queda claro que el escándalo por el asilo al dictador Evo Morales no es más que otro distractor “engañabobos”.

Se los dije.