Definir el conflicto en torno a las estancias infantiles como un asunto de combate a la corrupción –tal como lo ha hecho el gobierno de Andrés Manuel López Obrador— simplifica un problema que también atraviesa el ámbito educativo.

Como ya se indicó en este espacio, el gobierno tiene el diagnóstico correcto: el esquema de operación de las estancias infantiles se presta a la corrupción y al desvío de recursos por parte de las organizaciones que actúan como intermediarias.

Sin embargo, la solución al problema de corrupción no es recortar a las estancias la mitad de sus recursos, como lo hicieron los diputados en el Presupuesto de Egresos de la Federación. Y mucho menos es adecuado sustituir las estancias por apoyos económicos para que sean los propios familiares quienes cuiden a los niños.

En su conferencia de prensa de este jueves, AMLO anunció que cada familia recibirá un apoyo bimestral de mil 600 pesos que se entregará directamente a los padres de los niños. A su vez, los padres podrán utilizar el recurso para pagar estancias infantiles o para entregarlos “a los abuelos, a una hermana o a una tía” para que cuiden a los menores.

Al proponer esta medida, el gobierno parece ignorar que las estancias infantiles también cumplen la función de brindar educación inicial a los niños.

De acuerdo con el artículo 40 de la Ley General de Educación, la educación inicial es aquella que tiene como propósito favorecer el desarrollo físico, cognoscitivo, afectivo y social de los menores de cuatro años de edad.

Asimismo, de acuerdo con el artículo 3 de la Constitución, en su numeral V, el Estado tienen la obligación de promover y atender “todos los tipos y modelos educativos, incluyendo la educación inicial”.

De modo que al recortar el presupuesto de las estancias infantiles, el gobierno no sólo afecta a madres trabajadoras, sino que vulnera el derecho de alrededor de 300 mil niños a recibir educación inicial.

Y otorgar dinero directamente a los familiares no es un paliativo.

La educación inicial –la que reciben los niños entre los 0 y los 4 años de edad– no sólo tiene una función asistencial; también cumple una función pedagógica. Es decir, no sólo se trata de cuidar a los menores mientras sus padres trabajan; en las estancias además se fomentan habilidades físicas, emocionales y cognitivas de los menores, así como la adquisición conocimientos, el cuidado de la salud, y la introducción a las pautas de convivencia.

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Para todo lo anterior, las estancias infantiles deben contar con equipamientos, instalaciones y personal calificados. Nada de eso pueden ofrecer los familiares de los niños.

Además, desde 2009, la SEP desarrolló el Modelo de Atención Integral para la Educación Inicial, el cual sirve a las instituciones receptoras de niños como una guía sobre los objetivos del nivel. También proporciona a los docentes un catálogo de recomendaciones para la planificación de las actividades pedagógicas.

Por lo anterior, y de acuerdo con algunos expertos en pedagogía, la educación inicial debería ser considerada como el primer nivel del sistema educativo.

Para el presidente, sin embargo, todo se limita a dar dinero a abuelos o tíos para que cuiden a los niños.