Escribió Vicente Riva Palacio al inicio de su novela, Monja y casada, virgen y mártir, que se sitúa en “el año del Señor de 1615”:

“Hace dos siglos y medio México no era ni la sombra de lo que había sido en tiempos de Moctezuma, ni de lo que debía ser en los dichosos años que alcanzamos.

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Las calles estaban desiertas y muchas de ellas convertidas en canales; los edificios públicos eran pocos y pobres, y apenas empezaban a proyectarse esos inmensos conventos de frailes y de monjas, que la mano de la Reforma ha convertido ya en habitaciones particulares[1].”

En Martin Garatuza[2], la continuación de esa historia, Riva Palacio, escribió:

“Por la Plaza principal de México, atravesaba, triste y pensativo, un joven como de veinticinco años, elegantemente vestido y embozado en una capa corta de terciopelo.

Cruzó por el puente que estaba frente a las casas de Cabildo, y se dirigió a la calle de las Canoas, como se llamaban entonces las que ahora se conocen con el de calles de Coliseo.

Comenzaba el mes de noviembre de 1624. La tarde estaba fría y nublada, y un viento húmedo y penetrante soplaba del rumbo del norte.”

Si imaginamos la escena, podemos ver al joven cruzar la hoy llamada Plaza de la Constitución o “Zócalo” (aunque ya no haya tal). Sin embargo, en la misma Plaza estuvo situado el mercado “El Parián”, construido en 1688, 64 años después de la escena; y en el siglo XX la Plaza albergó estaciones de tranvías, fue estacionamiento y hasta tuvo jardineras, fuentes e imágenes aladas.

El “Zócalo” en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México fue instalado como la base para un monumento a la Independencia de México que Antonio López de Santa Ana pretendía construir. No se consolidó el proyecto y la Plaza sufrió muchos cambios en más de dos siglos.

En estos días la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, informó que la figura de Cristóbal Colón, que se ubicaba en el Paseo de la Reforma ya no sería reinstalada ahí y sería ubicada en otro sitio. A cambio, la Glorieta de Colón, albergará “… la escultura “Tlali” en homenaje a las mujeres indígenas de México…” (sic). Como diría Perogrullo, no todas las indígenas son mujeres ni todas las mujeres son indígenas.

En primera instancia, resalta la mentira de la Jefa de Gobierno, que había señalado, al momento de retirar a Cristóbal, que sería reinstalado y se le daría atención. Así, sin previa consulta, el gobierno que ama consultar al pueblo, decidió que ya no más “visión colonialista” en Reforma.

Y la información generó, inmediatamente, discusiones históricas donde los argumentos, derivados de la alteridad, buscan “vencer” no convencer de que debemos cambiar la narrativa del presente para cambiar los hechos del pasado., la interpretación, dicen.

Pero dejemos de lado la mentira y la falta de una consulta pública. En ese mismo crucero, donde será instalada “Tlali” (así lo escribieron en el Boletín del Gobierno de la Ciudad, pues el vocablo náhuatl, Tlalli, “tierra”, tiene una grafía con dos ll), hay, por lo menos, una decena de niñas y jóvenes mujeres que venden productos a los automovilistas y que viven, algunas de ellas, en un campamento, en pleno arroyo vehicular, en las calles de Roma y Milán. No sobra decir que viven en condiciones insalubres y con alta marginalidad.

Cabe señalar que, de acuerdo con el Censo de Población y vivienda 2020, en la Ciudad de México, el 1.40 % de la población habla una lengua indígena; el 0.82 % no habla el español; y las dos lenguas más frecuentes son: el Náhuatl (32.1 %) y el Mazateco (12.1%).

De acuerdo con los mismos datos, una de las entidades donde las mujeres representan más de la mitad de la población hablante de lengua indígena es la Ciudad de México (53.5%). Las Alcaldías de Cuauhtémoc (1.71 %), Iztapalapa (1.62 %), Milpa Alta (3.33 %), Tlalpan (1.75 %) y Xochimilco (2.49 %), rebasan la media de 1.40 % en la Ciudad de México en el porcentaje de población indígena y, por tanto, de mujeres indígenas.

¿Cuál ha sido la atención del Gobierno de la Ciudad de México a las indígenas?

Al margen de la información que habla de la creación de programas o instituciones para apoyar, atender o acompañar a las indígenas como la Red de Apoyo Mutuo de Mujeres Indígenas en Ciudad de México o el Programa para el Fortalecimiento de la Autonomía y Empoderamiento Económico de las Mujeres de Comunidades y Pueblos Indígenas de la Ciudad de México, de acuerdo con el 2º Informe de la Jefa de gobierno, en septiembre de 2020:

  • Se realizaron 349 intervenciones en 71 pueblos de las diferentes Alcadías (acciones para la prevención de la violencia de género, impartición de talleres de rescate de lenguas originarias, colocación de cámaras de seguridad, impartición de talleres de derechos para las mujeres indígenas y campañas de sensibilización a la violencia de género).

 

  • La Red de Apoyo Mutuo de Mujeres Indígenas en Ciudad de México, del 1 de agosto al 31 de diciembre de 2019, incidió en 4,360 mujeres por medio de pláticas, talleres y acompañamientos.

 

  • “Del 1 de agosto al 31 de diciembre de 2019, el Gobierno de la ciudad otorgó apoyos económicos a 105 mujeres de pueblos originarios y comunidades indígenas para la implementación de 35 proyectos productivos de carpintería, costura y diseño artesanal, gastronomía tradicional, entre otros”.

Esas son las acciones concretas reportadas, con números medibles. Esperemos que, en el 3er. Informe de Gobierno de la titular de la Jefatura, la información sobre la atención, apoyo, acompañamiento a las mujeres tenga mejor información y datos medibles.

De otra forma, el discurso se convierte en demagogia y la disputa de la historia situada en el espacio público de la Ciudad de México utiliza a las indígenas para reconocerlas, pero no para atenderlas.

Las imágenes de las niñas y jóvenes explotadas (o no) por mafias, es la refutación al intento de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México para homenajear a las indígenas.

La visión de las mujeres en la calle ofertando sus productos no ha cambiado desde el 1615, donde Riva Palacio, situó sus novelas. La Ciudad ha cambiado y mover los monumentos, cambiar el nombre de las calles, es la visión de la alteridad, que el Gobierno de la Ciudad tiene para ocultar la ausencia de acciones y políticas pública concretas a favor de las mujeres indígenas.

 

José Alberto Márquez Salazar

 

 

 

 

[1] Riva Palacio, Vicente, Monja y casad, virgen y mártir. 7ª. Colección de Escritores Mexicanos, Porrúa, México, 1997, pág. 3.

[2] Riva Palacio, Vicente, Martín Garatuza. 6ª. Colección de Escritores Mexicanos, Porrúa, México, 1993.