Todos los que conocen al líder, al político y al hoy presidente Obrador saben que lo suyo no sólo es la venganza sino el exterminio de sus adversarios y enemigos.

Por esa característica de vengativo –que incluso lo llevó a problemas por la muerte de un hermano y un amigo–, en sus años mozos no pocos de sus compañeros motejaban a Andrés Manuel como “el estalinista”.

Y por esa pulsión vengativa y rencorosa hoy está en prisión Rosario Robles –a la que le debe haber llegado a la jefatura de gobierno del entonces DF–, y no por una supuesta estafa y menos por el presunto saqueo del dinero público.

Y es que López Obrador puede decir misa y puede asegurar que nada sabe de la persecución contra la ex jefa de gobierno.

Lo cierto, sin embargo, es que propio presidente ordenó a la fiscalía general y al juez de la causa acelerar la persecución contra Rosario Robles, porque ese escándalo mataba la paliza que en redes y en medios le dieron al presidente por el exceso de recibir una medalla luego del éxito de los deportistas mexicanos en la justa panamericana.

Pero vamos por partes.
¿Qué fue lo que pasó; por qué de manera repentina todo pareció colocarse contra Rosario Robles, cuando horas antes los abogados de la ex secretaria de Estado estaban seguros de que lo más grave que podría ocurrir era que le dictaran prisión domiciliaria?
1.- Todo se desencadenó la noche de ayer, cuando los estrategas de Palacio vieron el tamaño de la paliza que en redes y digitales –además de la paliza que en la mañana de hoy le darían los cartonistas en casi todos los diarios–, padecía el presidente Obrador.
2.- Entonces –frente a la crisis de la medalla a AMLO–, los hombres y las mujeres que la hablan al oído al presidente alertaron sobre el daño y, en ese momento, en Palacio se decidió acelerar el linchamiento y la prisión a la señora Robles.
3.- La estrategia fue detectada de inmediato por los abogados de Rosario Robles quienes con la boca abierta vieron como los jueces de la causa y de control habían diseñado una perversa maquinación de la que no saldría rumbo a su casa la señora Robles.
4.- Lo que hicieron los juzgadores fue presionar aquí, dejar de mirar allá, apretar tuercas más allá y… de manera ilegal, tramposa y “chicanera” le cerraron todas las salidas a los abogados de Robles.
5.- Por eso, cuando salió del juzgado, el abogado Julio Hernández dijo que se trató “de una consigna mayúscula y de la más aberrante impartición de justicia… el día de hoy está de luto la justicia mexicana: se violaron el debido proceso, la presunción de inocencia y hemos visto como un sistema se ha encarnizado contra una ciudadana que es inocente”.
6.- Pero lo que no sabían ni el abogado Hernández ni la opinión pública es que desde la casa presidencial se instruyó a todo el aparato de impartición de justicia –violando la división de poderes y postulados básicos como la presunción de inocencia y el debido proceso–, para llevar a prisión a Rosario Robles.
7.- Esa era la consigna desde que llegó al poder López Obrador; cobrar venganza contra todos aquellos que en algún momento fueron un obstáculo a sus desmedidas ambiciones de poder.
8.- Hoy fue Rosario Robles, pero la lista de perseguidos es larga y sólo es cuestión de tiempo para ver el tamaño de la venganza. Y es que la estratagema es esa; el terror y el miedo.

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Pero tampoco nadie debe hacerse ilusiones; los carniceros de hoy serán las reses de mañana.
Se los dije.