La interrogante anterior es resultado de uno de los más peligrosos y reveladores escándalos en el primer círculo del presidente mexicano en los 42 meses de gestión.

    Nos referimos a la confirmación de que el crimen organizado fue el responsable de “cuidar” al presidente mexicano en su más reciente visita al mayor refugio criminal que existe en México; el llamado “Triángulo Dorado”, que se localiza en la convergencia entre los estados de Sinaloa, Sonora y Chihuahua.

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    Y es que durante la gira presidencial se detectaron retenes de crimen organizado desplegados en la ruta que lleva al “Triángulo Dorado” –y en donde no hubo retenes de militares verdaderos–, lo que prendió todos los focos de alarma sobre la seguridad del presidente y sus vínculos cada días más evidentes con las mafias criminales.

    Peor aún, luego del primer escándalo –al descubrir los retenes disfrazados de militares durante la gira presidencial–, López Obrador intentó minimizar el hecho y dijo que no había pasado nada, luego de señalar que en realidad se había tratado de una confusión.

    Entonces el escándalo se hizo mayor y apareció la obligada cascada de preguntas. 

    ¿Quién cuida al presidente?

    ¿En realidad cuál fue el verdadero motivo de la visita de López Obrador al refugio de “El Chapo”, a ocho días de la elección en seis estados, Durango entre ellos?

    ¿De verdad le interesa tanto al presidente supervisar el avance de dos carreteras que comunican al “Triángulo Dorado?

    ¿No será que acudió a supervisar el operativo criminal para la elección del 5 de junio?  

¿Por qué aparecieron retenes de sicarios, que conocían perfectamente la agenda presidencial y por qué la ausencia de militares verdaderos?

¿López tiene escolta del crimen organizado?

¿Por qué en su más reciente gira al “Triángulo Durado” el Cártel de “El Chapo” estableció retenes de presuntos militares para cuidar al presidente?

¿Y por qué no se desplegaron militares verdaderos para cuidar al mandatario? 

¿Por qué el gobierno de México permite retenes de supuestos militares, cuando la Constitución sólo le otorga el monopolio de la fuerza y de las armas a militares, marinos y guardias nacionales? 

¿Quién es el vínculo entre Palacio y los criminales organizados que operan en el “Triángulo Dorado”?

¿En manos de quien está el presidente mexicano?

¿Está en manos de las mafias del crimen organizado?

El gobierno federal, sus instituciones y los Tres Poderes deben responder esas y muchas otras interrogantes que surgieron del más reciente escándalo en torno a la seguridad del presidente.

      Y es que –como ya se dijo–, el pasado viernes, reporteros, fotógrafos y camarógrafos asignados a la gira presidencial por el “Triángulo Dorado” fueron interceptados por un comando de presuntos militares –en la carretera Badiraguato-Parral–, cuando acudían al evento que encabezaría López Obrador en la llamada “casa grande” del narcotráfico.

    Los hombres armados –quienes vestían ropa militar y portaban armas de uso exclusivo del ejército–, le marcaron el alto al vehículo de reporteros, los interrogaron sobre su objetivo y si portaban armas y luego de una revisión los dejaron seguir su camino.

    Según la narración de los propios reporteros, se trataba de un reten del crimen organizado, presuntamente del Cártel de “El Chapo”, que tiene su asiento precisamente en esa región del país.

    Por eso volvemos a las preguntas.

    ¿Quién cuida al presidente; en manos de quien está el mandatario mexicano; estará en manos del crimen organizado?

    Se los dije.