Entre la esperanza y la incertidumbre

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El día llegó. Andrés Manuel López Obrador se convirtió en el Presidente de México. Gobernar para todas y todos, y no sólo para los más de 30 millones que votaron por él, es una exigencia de la democracia, una necesidad ineludible ante la pluralidad, diversidad y multiculturalidad de nuestro país. El inicio del gobierno de López Obrador marca una nueva etapa para el país, que oscila entre la esperanza y la incertidumbre.

En su discurso ante el Congreso de la Unión, López Obrador agradeció, primero, el comportamiento de Peña Nieto en el proceso electoral, para después incomodarlo con la denostación de la reforma energética y educativa que él impulsó, criticadas como parte del neoliberalismo imperante en las últimas tres décadas. No obstante, Obrador retomó elementos sustantivos de ese mismo neoliberalismo que aborrece: el libre comercio que tiene su nueva cara en el T-MEC, la disciplina fiscal a la que se comprometió para no gastar más de lo que se tiene, sin contraer deuda, y mantener la autonomía del Banco de México, a contracorriente de propuestas de legisladores de Morena que quieren utilizar las reservas internacionales para inversión pública.

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En su intento de tranquilizar las aguas para que México siga recibiendo inversiones extranjeras, López Obrador afirmó que éstas están seguras, se otorgarán reglas claras y darán buenos rendimientos, para ello enlistó varios proyectos productivos como la realización del NAICM en santa Lucía, el tren Maya y la conexión de ambos lados del istmo de Tehuantepec. Sin embargo, el 1 de diciembre se dejó de laborar en el NAICM en Texcoco, producto de una consulta a modo y los tenedores de los bonos verdes que se habían colocado en el extranjero con un valor de 6,000 millones de dólares para financiar el proyecto, están evaluando la estrategia legal para poder resarcir lo más pronto el monto invertido.

Poner a consideración de la gente en dos años y medio la continuidad o no de su mandato, es decir, un proceso de revocación de mandato, no debe ser una grácil concesión sino más bien un derecho exclusivo de las y los ciudadanos para convocar a su realización, con la participación del INE, con reglas y causales de revocación claras, dependiendo del volumen  de la participación y su resultado el que sea o no vinculante. Este es el contenido mínimo de la propuesta que presenté en octubre en el Senado para su discusión.

El contraste final es que AMLO permitirá la impunidad para Enrique Peña Nieto y su gabinete, dejando que se retiren sin ser perseguidos por actos u omisiones que constituyan faltas graves como servidores públicos. Quizá con el tiempo esta decisión sea un primer talón.

Se anuncia un cambio de régimen, no solo un cambio de gobierno. Lo dice el presidente con mayor concentración de poder desde 1997. El hiperpresidencialismo puede llegar a ser el rasgo característico del nuevo gobierno, la oposición desde el Poder Legislativo debe contener la concentración del poder y actuar en consecuencia.

Juan Zepeda Hernández

Senador de la República

@JuanZepeda_