El problema parece mayúsculo.

         Sí, parece un problema de comprensión elemental.

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         Parece que un presidente, como el mexicano, es incapaz de entender el significado de la palabra “autónomía”.

         ¿Conocerá y entenderá el mandatario mexicano el significado del sustantivo femenino “autonomía”?

         Y es que, en los hechos, López Obrador no quiere entender que la Constitución, en su artículo 41, establece que el INE es “autónomo”.

         Incluso, resulta curioso que un presidente que por décadas fue el político con la mayor autonomía, hoy no quiera entender el significado de la “autonomía” y la independencia.

         Pero si acudimos a la Real Academia  de la Lengua, la “autonomía” se define como “la facultad de una persona o una entidad que puede obrar según su criterio, con independencia de opinión o el deseo de otros”.

         Una segunda acepción de autonomía nos lleva a: “la facultad o el poder de una entidad territorial, integrada en otra supeior, para gobernarse de cuerdo con sus propias leyes y organismos”.

         Una tercera dice que la autonomía: “es la potestad que dentro de un Estado tienen municipios, provincias, regiones y otras entidades, para regirse mediante normas y órganos de gobierno propios”.

         Y si aún no quedas claro, la autonomía también es: “la capacidad de los sujetos de derecho para establecer reglas de conducta para sí mismos y en sus relaciones con los demas, dentro de los límites que la ley señala”.

         Lo cierto, sin embargo, es que el problema real del presidente mexicano no es de comprensión sino de simulación.

         En efecto, como el gran simulador que ha sido desde siempre, hoy simula que no comprende la autonomía del INE, porque conviene a sus intereses dictatoriales pasar por encima de esa autonomía.

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         Cuando era candidato presidencial, López Obrador siempre defendió la autonomía del INE, ya que sabía que sin esa independencia nunca llegaría al poder presidencial.

         Por eso, más que insistir en la ignorancia presidencial debemos poner el acento en la perversidad presidencial.

         Y de nuevo debemos regresar al clasico y arrogante: “¡Se los dije!”.

         ¿Por qué?

         Porque desde hace más de cuatro años, en éste y otros espacios advertimos y documentamos la pulsión del candidato López y luego del presidente Obrador, de destruir la democracia mexicana.

         Y para destruir nuestra democracia el mandatario se ha centrado en la destrucción de uno de sus pilares; el Instituto Nacional Electoral.

         Y la ruta para destruir al INE es elemental.

         Primero, inicio una campaña de desprestigio del Instituto todo.

         Segundo, focalizó su crítica en los principales actores políticos del INE; los consejeros, en especial aquellos que son críticos de su gobierno.

         Tercero, le ordenó a la Secretaría de Hacienda negar el presupuesto al INE para llevar a cabo –con éxito y como lo ordena la Constitución–, la elección de Revocación de Mandato.

         Cuarto, el presidente ordenó a la Cámara de Diputados amedrentar a los consejeros con la amenaza de cárcel, por ejercer su autonomía.

         Quinto, López ordenó un supuesto “plan de austeridad” que violenta la Constitución, que miente y engaña a la sociead y, sobre todo, una austeridad “realizado sobre las rodillaz” y que tiene fallas garrafales.

         ¿Cuáles fallas?

         1.- Violenta la Constitución.

         2.- Inventa plazas y costos.

         4.- Inventa la existencia de un sindicato inexistente.

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         5.- Pretende que la elección se haga, literalmente, en la calle.

         6.- Pretende que los días de la jornada electoral los ciudadanos y empleados no tengan baños, comida, y los mínimos sanitarios.

         7.- Intenta cancelar la supervision externa y observadores extranjeros.

         8.- Y busca que se violen los preceptos básicos de certeza, legalidad, transparencia, equidad… entre otros.

         Al final, una vez que haya fracasado la Revocación de Mandato, López Obrador obligará al Congreso a decretar la desaparición del INE y, de esa manera, la democracia mexicana habrá muerto.

         Por eso debemos insistir:

         ¡Entienda presidente, el INE es autónomo!

         ¡Entienda presidente, el INE no se toca!

Escribe Ricardo Alemán