AL TIEMPO

En su comparecencia ante el Senado, Marcelo Ebrard negó ser el vicepresidente del gobierno de López Obrador.

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Así lo dijo: “Yo no tengo funciones de vicepresidente. En México no existe el vicepresidente. Soy el secretario de Relaciones Exteriores… ¡Tenemos mucho presidente y no necesitamos vicepresidente!”.

Está claro que el cargo formal de Marcelo Ebrard es el de jefe de la diplomacia mexicana, de las Relaciones Exteriores.

También es evidente que en la Constitución mexicana no existe la figura de Vicepresidente y, por tanto, Marcelo Ebrard no tiene ese cargo.

Sin embargo, Marcelo Ebrard falta a la verdad cuando dice que no tiene funciones de vicepresidente.

¿Por qué falta a la verdad?

Porque en los hechos hace funciones de Canciller, pero también de secretario de Hacienda, de titular de Energía, de Salud, de Fiscal General y hasta de Secretario de Seguridad.

En los hechos, Marcelo Ebrard es el Córdoba Montoya del gobierno de AMLO. Es decir, es “el hombre fuerte” del presidente.

Claro, con la desventaja de que el presidente López Obrador está lejos, a años luz de distancias de la inteligencia y la preparación de Carlos Salinas, el otrora “villano favorito” de AMLO.

Y Marcelo Ebrard puede decir misa y hasta se puede tirarse al piso para probar sus actos de fé a favor del dictador López Obrador. Sin embargo, los hechos confirman que Ebrard es mucho más que el Canciller y el titular de la diplomacia mexicana.

En realidad el ex jefe de gobierno de CDMX es el “súper secretario” del actual gobierno; es el todólogo y hasta “el milusos” del presidente Obrador.

Por eso, entre los “animales políticos” de Morena y del gabinete presidencial ya consideran a Marcelo Ebrard como el sucesor natural del presidente Obrador, si es que en algún momento se le quita de la cabeza al presidente la idea de ser dictador.

Sin embargo, entre los hombres del presidente y entre legisladores de alto registro en Morena se dice que el “súper secretario” está jugando con fuego.

¿Por qué?

Porque tanto secretarios de Estado como senadores de Morena aseguran que en algunos casos Marcelo Ebrard engaña al presidente, otros oculta información valiosa para el mandatario y en otros asuntos magnifica las cosas para sacar raja política.

Y uno de los casos en los que el presidente Obrador habría sido engañado es en la relación entre México y Estados Unidos. Es decir, que algunos secretarios de Estado presumen que Ebrard habría pactado una suerte de agenda personal, a espaldas del presidente, aprovechando la ignorancia del tabasqueño.

Más aún, en secreto empieza a fraguarse la creación de un grupo político de supuestos aspirantes presidenciales quienes habrían acordado detener a Marcelo y filtrar los detalles de los casos en los que el canciller engaña al presidente.

Y es que a un año de gobierno, no son pocos los colaboradores del presidente que no están dispuestos “a pagar los platos rotos” por el fracaso de la gestión de Obrador, cuando los conflictos son generados en otras dependencias y cuando las soluciones vienen de la oficina de Marcelo Ebrard.

Y es que está claro que ya se vive –a tambor batiente–, el arranque de la lucha sucesoria al interior de Morena, dentro del gabinete y en el Congreso.

Es evidente, incluso, que todos los llamados a buscar el puesto del presidente –todos los suspirantes presidenciales–, hacen su lucha, juegan su juego, mueven sus piezas y tratan de derribar a los adversarios.

Y el negro de la feria, al que todos quieren tirar, se llama Marcelo y se apellida Ebrard; es el aspirante a vencer.

Y no sería extraño que pronto empiece la guerra contra Marcelo, de quien no pocos dicen tener parque para quemar sus naves.

Se los dije, AMLO duerme con el enemigo.