Ya no debiera sorprender a nadie la capacidad de mentir, engañar y engatusar de López Obrador.

¿Por qué?

-Publicidad-

Porque lo que presenciamos en la mañanera de hoy, cuando el dictador de Palacio asume que “sí mete las manos” al proceso electoral de Nuevo León, no sólo es una provocación y un montaje para desviar la atención de lo grave y verdaderamente preocupante; la tragedia de la L-12 del Metro.

¿Y por qué se trata de una provocación y un montaje?

Porque el presidente y sus propagandistas montaron un engaño colectivo para hacer creer a los votantes que en Nuevo León se comete un horrible fraude, cuando en realidad lo que pasa es que Morena pierde votos en todo el país –sobre todo en Nuevo León y en la Ciudad de México–, a causa de tragedias como la sanitaria y el derrumbe de la L-12 del Metro.

Pero vamos por partes.

¿Por qué el escándalo focalizado en Nuevo León?

Primero, porque es un estado clave por su pujante economía y porque es asiento del más poderoso grupo económico del país; el llamado G-12.

Segundo, porque el vengativo López Obrador no permitirá que en una apuesta electoral como la de Nuevo León, se salga con la suya el diario Reforma y sus dueños, poderosos regiomontanos.

Tercero, porque los dos candidatos de Morena a Nuevo León, la señora “lenona” Clara Luis Flores y el candidato botarga y presunto narcotraficante, Samuel García, de Movimiento Ciudadano, no han podido desbancar al puntero de la alianza PRI-PRD, Adrián de la Garza.

Cuarto, porque el dictador López Obrador se comprometió con sus amigos y promotores, Ricardo Salinas –de Televisión Azteca, Elektra, Banco Azteca y más–, y con la Familia González –de Milenio y muchas otras empresas–, a entregarles el control político de Nuevo León.

Y quinto, porque el derrumbe de la L-12 del Metro provocó un severo golpe “debajo de la línea de flotación” a las aspiraciones electorales de Morena y, sobre todo, al control político de la Cámara de Diputados.

Por todo ello, AMLO montó un circo que ya hizo olvidar la tragedia, a las víctimas y, sobre todo, la rendición de cuentas.

En el fondo, sin embargo, la acusación de AMLO contra Adrián de la Garza es un montaje sin pies ni cabeza.

¿Por qué?

1.- Porque los candidatos a puestos de elección popular son ciudadanos de pleno derecho y están en libertad de hacer todas las promesas de campaña que quieran, sean o no realistas.

2.- Sí, se trata de “pro-me-sas”, las cuales sólo se cumplirían “sí y sólo sí” llegan al poder aquellos aspirantes que las formulan.

3.- Por tanto, es unas soberana estupides de Lopez Obrdor –y un grosero distractor–, denunciar a un candidato por “el uso de recursos públicos con fines electorales”, cuando lo único que está haciendo es una “pro-me-sa” de campaña; una promesa para la cual no hay gasto de dinero público alguno.

4.- Pero si “prometer” fuera un delito López Obrador es un delincuente que debiera estar en prisión por haber prometido “el cielo la luna y las estrellas” cuando fue candidato presidencial y, sobre todo, cuando al final no cumplió nada de lo prometido.

5.- Y es que el supuesto delito y esa supuesta falta no existen en tanto se trate de ciudadanos que sólo aspiran a un puesto de elección popular y en tanto se trate sólo de promesas; en tanto no sean servidores públicos y en tanto no hayan ganado la elección para llevar a cabo la promesa.

   Así pues, López Obrador engatusa a la sociedad mexicana toda, con el “petate del muerto”.

Lo más cuestionable, sin embargo, es que para engañar a todos utiliza a su antojo a la Fiscalía General y a sus mentirosos aliados, como Dante Delgado, quien aparenta salir en defensa de la elección de Nuevo León y de su botarga motejada como Samuel García.

No se dejen engañar… la tragedia de la L-12 del Metro no se olvida.

Se los dije.