El Partido Revolucionario Institucional (PRI) nació para integrar, bajo el manto ideológico de la Revolución Mexicana, a los cientos de partidos políticos locales que buscaron una dirección luego de 1917.

El PRI nació para administrar el poder, fortalecer la figura presidencial y, más tarde, ser la herramienta político-electoral más importante del sistema.

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Hoy, el PRI no cuenta con ninguno de esos elementos: no tiene una definición ideológica, carece de un líder –como el presidente de la República- y tiene muy poco poder, apenas tres gubernaturas y una minoría de representantes en las cámaras de Senadores y Diputados.

En estos días, ante el crecimiento del Movimiento de Regeneración Nacional, se afirma que éste es el “nuevo” PRI. Y en gran parte hay razón: el Movimiento recibió como herencia a decenas de políticos ex priístas que no encontraron espacio, repite las viejas formas políticas (clientelismo, acarreo, compra del voto, uso de los recursos públicos para promoverse, uso de la violencia administrativa y física…), es herramienta o instrumento del presidente de la República y debilitó la fuerza del Congreso de la Unión (hoy no es contrapeso), entre otros.Además, de los puntos señalados, tiene poder para distribuir, al igual que el Revolucionario Institucional lo tuvo, importando poco la posición ideológica.

Este martes se reunirán algunos ex presidentes del PRI con el actual titular del Comité Ejecutivo Nacional. Varios de ellos tuvieron resultados negativos al frente del instituto político y, en parte, son responsables de lo que ahora vive el tricolor (Dulce María Sauri fue la dirigente que perdió en el 2000 la presidencia de la República; Roberto Madrazo fue precandidato en el 2000 y candidato perdedor en el 2006; Beatriz Paredes dos veces candidata al gobierno de la Ciudad de México). Muchos de ellos siguen hablando de ideas rebasadas y dejando de lado a los cuadros que formaron. ¿Qué pueden aportar?

Quizá haya a quien le interese mucho que el PRI desaparezca. Los San Benitos sobre su corrupción, prepotencia, falta de democracia … continúan. Pero en un sistema político como el que apunta a fortalecer la Cuarta Transformación es necesaria mayor representación para tratar de equilibrar el poder.

Todo partido político es un administrador, menor o mayor, de poder. De cargos, espacios, y por eso, la derrota electoral que no se traduce en poder es inservible.

Este “drama” de revisar las fallas del PRI y las afirmaciones en torno a su desaparición se repitieron en el 2000. En el 2016, el PRI volvió a la presidencia de la República.

En medio de todo esto, van algunas propuestas para que el PRI intente reconstruirse, al margen de la definición ideológica necesaria:

1.- Presidentes y expresidentes del PRI deben hacerse a un lado y aportar sus conocimientos y las redes territoriales que aún mantienen para que la nueva dirigencia platee su estrategia rumbo al 2024.

2.- Deben someter a consulta los cargos dirigencia y elección popular (presidencia nacional, estatales, municipales; diputados locales y federales, presidencias municipales, presidencia de la República…)

3.- Hay nuevas generaciones de políticos en el PRI que están capacitados y cuentan con experiencia territorial. Pero muchos de ellos se han ido porque no hay espacio, no hay incentivo para que ellos trabajen políticamente.

¿Hasta cuándo cumplirán para darle “a las bases” la representación y no a los amigos, parientes, socios de los dirigentes?

Si el PRI quiere reconstruirse –si hay quién quiera reconstruirlo- debe de ir al centro de su problema: la administración del poco poder que aún tiene.

La reunión de este martes en el PRI, entre ex dirigentes y dirigencia actual, no debe ser un muro de lamentaciones para victimizarse frente al gobierno malo, ni tampoco una mesa de negociación de posiciones –como seguramente van a pedir varios de ellos.

Con solo tres estados gobernados y un puñado de senadores y diputados, el PRI todavía tiene vida y para verla tiene que ser pragmático, como lo fue antes; debe darle un incentivo y el poder a sus “bases”. Si decide jugar a la distribución del poder entre los cuates, los Quirino, Murta, Fayad y demás serán la normalidad.