La consigna con la que el presidente Andrés Manuel López Obrador y su gabinete gabinete justificaron la tragedia y el fiasco de Culiacán fue que «no puede valer más la captura de un delincuente que la vida de las personas”.

Esta frase aparentemente contrasta con la forma en que, en su momento, Felipe Calderón explicó su estrategia de seguridad –la llamada «guerra contra el narco–: 

«No podemos ni vamos a bajar la guardia en mi gobierno, y como dije desde el primer día, esta es una lucha que costará tiempo, que costará recursos y por desgracia, vidas humanas como las que desafortunadamente hemos perdido de esos valientes policías, soldados y marinos quienes se han sacrificado por el bienestar y la seguridad tuya y de todos los mexicanos», explicó el panista en 2010.

Bien es cierto que la anterior frase condensa en pocas palabras el fracaso del gobierno calderonista: el Estado no puede disponer de vidas humanas como si se tratara de piezas de ajedrez sacrificables en aras de un objetivo… que claramente no se cumplió.

En el sexenio de Calderón el crimen organizado no fue contenido, sino que se multiplicó; y la violencia no disminuyó, sino que se exacerbó: durante su gobierno se registraron 102 mil 859 carpetas de investigación por casos de homicidio y feminicidio; un promedio de 17 mil 143 al año.

Sin embargo, la estrategia supuestamente opuesta emprendida por el presidente Andrés Manuel López Obrador ha tenido resultados incluso más fatales de acuerdo con los datos duros.

Tan sólo en 10 meses de gobierno obradorista –entre diciembre de 2018 y septiembre de 2019– se iniciaron 25 mil 360 carpetas de investigación por homicidio doloso y feminicidio, cifra que supera el promedio anual durante el gobierno de Calderón.

Curiosamente, lo ocurrido el 17 de octubre en Culiacán se suscitó cuando el gobierno revivió la “guerra” y dejó de lado su promesa de no hacer “detenciones espectaculares”, como ha llamado el presidente López Obrador a los operativos contra cabecillas del narco.

Al parecer, las presiones externas del gobierno estadounidense para completar la orden de extradición contra Ovidio Guzmán López orillaron a la “4T” a ejecutar un operativo mal planeado, donde se arriesgó la vida de militares y civiles.

En ese sentido, la liberación del hijo del Chapo no fue un acto magnánimo con visión de Estado para evitar derramamiento de sangre; fue una decisión obligada para contrarrestar un acto negligente.

El hecho es que pese a lo disímil de sus discursos, tanto AMLO como Calderón han sido igual de ineficaces en la salvaguarda de la seguridad y la vida de los mexicanos.

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POR CIERTO… Aunque parezca que la 4T no se dio cuenta, entre los sexenios de AMLO y Calderón pasó por el gobierno Enrique Peña Nieto, cuya administración dejó un saldo de 125 mil 508 carpetas de investigación por homicidios.

De acuerdo con algunos analistas, como el politólogo Fernando Dworak, las constantes referencias del presidente López Obrador al gobierno de Calderón –dejando de lado la crítica al peñismo– tienen como trasfondo la estrategia de “inflar” al expanista y su proyecto de crear un partido. ¿El objetivo? Dividir el voto panista en las próximas elecciones y mantener polarizado el ambiente político.   

Lo cierto es que sin los constantes ataques de AMLO hacia su persona desde la tribuna de las mañaneras, Calderón no sería un personaje políticamente relevante este sexenio.

Sin ir tan lejos, este lunes López Obrador aseguró que liberación de Ovidio para evitar un “derramamiento de sangre” demuestra un “cambio verdadero” respecto a la estrategia de Calderón, quien llegó a calificar a las víctimas de su estrategia de seguridad como un “daño colateral”.

Se trata, en el fondo, de una trampa discursiva: la disyuntiva entre la “guerra” de Calderón y la claudicación en el uso legítimo de la fuerza es falsa. Existen otras estrategias qué explorar.