El Metro de la Ciudad de México moviliza diariamente cerca de cinco millones de personas del conjunto que integra la zona metropolitana. Es el más importante medio de transporte público que facilita el traslado y movilización de las personas, que comunica la vida cotidiana, laboral y de diversas actividades, personales y colectivas.

El riesgo y amenazas de incidentes que pueda sufrir este medio de transporte, conlleva la paralización de la Ciudad de México.

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Los eventos recientes, que han ocurrido y afectado la buena operación del Metro, lo han colocado en el interés público.

Hay dos discursos y posiciones encontradas para dar cuenta explicativa de lo que ocurre. Una, que expresa que es un problema fundamental de mantenimiento y otra, que es debido a sabotajes; la primera sostenida por la opinión pública y, la segunda, por las autoridades capitalinas; cada una tiene elementos de explicación y consecuencias para la sociedad.

La idea de que los incidentes causados recientemente, e incluso del trágico acontecimiento de la línea 12, con la caída de vagones por el derrumbe de la vía por donde ocurre con más de 26 muertes, y que es un problema de mantenimiento, muestra que no se han aplicado los recursos públicos existentes para ello, y lleva a una ruta de investigación que conduce a falta de seguridad operativa y técnica, mezclada con corrupción gubernamental.

La idea de que los incidentes, son producto del sabotaje, como sostienen las autoridades, obliga a esclarecer y diagnosticar con claridad y precisión los eventos, en la medida que la operación del Metro sería un problema mayor de seguridad.

Si aceptamos esta última posición, vale la pena recordar que el sabotaje, conforme al diccionario de la academia de la lengua española señala que es un Daño o deterioro que se hace en instalaciones, productos, etc., como procedimiento de lucha contra los patronos, contra el Estado o contra las fuerzas de ocupación en conflictos sociales o políticos. O bien, es la Oposición u obstrucción disimulada contra proyectos, órdenes, decisiones, ideas, etc. en ambos sentidos el sabotaje al Metro demanda la identificación y prueba del sujeto que delinque y la evidencia de lo hecho. Y en un extremo, puede asumir una posición de acto terrorista, con las difíciles y consabidas consecuencias.

El ingreso de la Guardia Nacional, con 6 mil elementos, es una decisión que requiere sustento, para que no se genere y amplíe el debate de militarización en la Cd de México, un tema que tiende a afectar la gobernabilidad local y que, en el proceso de sucesión presidencial, puede contaminarse.

Finalmente, esta cuestión de falta de mantenimiento o de sabotaje, no debe evadir la responsabilidad de la autoridad local en la Ciudad de México, su vinculación al proceso electoral en el que participa la Jefa de Gobierno, puede arrastrarla a una situación trágica, por descuido o de incompetencia, en donde su posición sería costosa y, desde luego, podría arrastrar al presidente y a su interés sucesorio.

De igual manera, la presencia de la guardia nacional puede llevarla a un grado de incompetencia ante los aspectos técnicos y de operación del Metro y, un posible enfrentamiento con los usuarios del metro, podría generar una tragedia, que dañaría a la institución castrense.

Esto ocurre en una ciudad que cuenta, al decir de la propia autoridad, con la mejor policía, una policía civil en su percepción social, cuyo número rebasa a todas las corporaciones del país.

El deslinde de que los incidentes no son responsabilidad de la jefa de gobierno y que son premeditados y malintencionados, requiere pruebas y previsión, un poco de inteligencia y evitar afectar a la población. Se trata de cambiar una pieza del Metro, en movimiento, una especie de operación a corazón abierto, con los riesgos que el gobierno ha decidido seguir. Deseamos que la sociedad no se vea castigada en su movilidad y que su seguridad sea asegurada en sus traslados.

Más allá del valor como votantes, los usuarios del Metro son personas que merecen seguridad en sus traslados por el Metro, con la mayor comodidad y eficiencia. Y cuidado con abrir la ruta de actos terroristas, o como ocurre en otras partes del país, de que se diagnostique falsamente a los eventos del Metro, como actos narcoterroristas. No nos la vamos a acabar.