Desde los años ochenta, el poder legislativo en México es ruidoso e intranquilo.

El ejercicio de la representación exige actividad para llevar al pleno y a las comisiones no solo las demandas de las personas sino las propuestas que impacten en la vida de la nación

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Durante la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación para el año 2022 (PEF 2022), en una sesión maratónica, quizá como nunca, diversos legisladores de los Grupos Parlamentarios utilizaron expresiones ofensivas contra sus opositores.

Los comentarios por las ofensivas expresiones ocuparon espacio en el debate nacional. Es evidente que la vida política en México se trastoca porque la violencia verbal también se suma a la violencia que vivimos cotidianamente, especialmente porque la polarización en México es cada vez mayor. Y, nota, hay que salirse de ella, sobre todo el grueso de las personas que no mantiene un interés directo con algún partido político.

¿Es adecuado que en el legislativo se manifiesten con insultos las y los legisladores?

¿En qué afectan las ofensas a la vida interna de la Cámara de Diputados?

Para pensar sobre ese tema, sugiero dos miradas breves:

La que identifica esas expresiones como fruto del “calor” del debate y del discurso que en tribuna provoca a la concurrencia. Es decir, las expresiones tienen que ver con momentos específicos para influir en el debate.

De entrada, se sabe que una mayoría difícilmente cambiará su posición para escuchar o entender al contrario, más cuando el presidente de la República les instruye no mover ni una coma.

Así, las ofensas son provocaciones e intentos de entorpecer al orador y su posición.

En segundo término, el discurso y las ofensas son la transferencia de la polarización que existe a nivel nacional y a la cual ha abonado todas las mañanas el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador y una parte de la su oposición.

Las ofensas o insultos que se expresan ahí también son reflejo de lo que los representados tenemos en el país. No hay que asustarnos: un mínimo de personas, en este país, están exentas de la violencia verbal. Desde el fútbol hasta una fiesta común, hacemos uso de la violencia verbal. Y no hay porque asustarnos.

Claro, con lo anterior no estoy justificando las expresiones de legisladoras como la actriz Marisol Gasé, pero pretendo entender el porqué de las expresiones.

En suma, el “comportamiento” que las y los legisladores tienen en el recinto abunda a su imagen personal y política, no en la de sus electores. Así, queda a la historia del recinto y a la vida política nacional las expresiones: “culera”, “abortistas”, “putas”, etcétera. Son esos personajes los que quedarán marcados por sus expresiones. Recordemos el caso de Humberto Roque Villanueva por su “roqueseñal” o a Marco Rascón, por su máscara de cerdo.

¿Qué se debatía en el pleno de la Cámara de Diputados?

Algo trascendente, los recursos que se utilizarán para darle gobernabilidad al país durante el 2022.

¿Las personas, fuera del recinto y de las oficinas especializadas se enteraron de lo que sucedía y de lo que sucederá? No lo creo.

Queda en fotografías y videos los insultos, entre mujeres, principalmente y lamentablemente.

Es ruido, lo que nos ofreció la Cámara de Diputados fue ruido, el ruido para no escuchar temas trascendentes para la vida pública de este país.

Y en ello, una gran parte de la responsabilidad es de la oposición, la que integran los Grupos Parlamentarios de Acción Nacional, Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática, incapaces de comunicar a las personas cómo afectará ese Presupuesto a la vida pública.

¿Cuántas asambleas realizaron en sus distritos las y los Diputados para informar lo que venía en el PEF 2022?

Qué saben hoy, las personas en México, de lo aprobado: muy poco… ¡Ah, sí! Sabemos que la actriz Marisol Gasé sabe escribir, con mayúsculas, la palabra “CULERA”.

Si bien, el Movimiento de Regeneración Nacional montó su espectáculo para hacer ruido y torear a la oposición, ésta fue incapaz de romper el cerco, de comunicar a su electorado y se sumergió en el mar donde las sirenas “culeras” sabía no se corregiría ni una coma.

Lo que vimos la semana pasada es ruido, el ruido del legislativo al hacer mal la tarea. Y ¡es cierto! No es la primera vez, ese espectáculo ya lo vimos en la toma de protesta de Felipe Calderón Hinojosa, como presidente de la República, y en la aprobación de las reformas estructurales de Enrique Peña Nieto. Pero el MORENA, nos guste o no, supo comunicar a su electorado de entonces y al de ahora. La oposición no, porque sigue en el discurso acartonado que no habla a las personas, es decir, sigue en el ruido de su autocomplacencia.