Esta expresión popular que utiliza con cierta frecuencia el presidente López Obrador para señalar a sus adversarios políticos, hoy parece que le cae como anillo al dedo.

Si el presidente nada debe ¿por qué buscar la opacidad, la negativa a difundir la información del uso de los recursos públicos o el evitar la rendición de cuentas de sus denominadas obras relevantes? ¿Qué acaso no ha dicho que es diferente?

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¿Qué debe o qué teme? Debe la información necesaria que explique a la sociedad, en todo momento, los actos de su gobierno, ¿qué las mañaneras no son para eso?, que hable respecto a los incrementos que ha habido en las obras del aeropuerto Felipe Ángeles, del tren maya y la Refinería de Dos Bocas.

¿Qué teme? El retraso por amparos que son derecho de quienes los utilizan; la falta del diseño total de los proyectos con programas de construcción solventados por otras dependencias que, finalmente, dependen de él; el agotamiento de una política de consenso que convenza a quienes pueden ser afectados por estas obras; o simplemente ¿el miedo a no cumplir en tiempos y formas?

El famoso decreto que emplea la figura de seguridad nacional como un salvoconducto que tiende a violentar el derecho administrativo público, tiene consecuencias mayores; el uso y abuso del derecho, socava las Instituciones, menosprecia el estado de derecho democrático y constitucional que aún está vigente; muestra una sospechosa idea de securitización que más allá de una confusión pretende esconder actos en contra de la norma, en contra de la marcha de un buen gobierno, que llevan a sospechar de la violación de leyes que prefiguran una gran corrupción.

Veremos en los próximos días de qué están hechos los otros poderes y de los actores que podrían estar siendo afectados por este acuerdo presidencial. Si bien los asuntos de seguridad nacional tienen un grado de excepcionalidad, parece que los trámites administrativos de las obras públicas no caen en este rubro.

Los errores en la teoría se pagan en la práctica y, en los tópicos de seguridad nacional el costo es de sangre.

Cabe señalar que el gobierno actual entiende a la seguridad nacional como una condición indispensable para garantizar la integridad y la soberanía nacionales, libres de amenazas al Estado, en busca de construir una paz duradera y fructífera.

Cuidado con los sepultureros de instituciones, la reparación del daño retrasa el desarrollo y seguridad de la nación.

 

Nota: Finalmente, vaya mi reconocimiento a las mujeres y hombres del ejército de mar, en el Día de la Armada de México.

Una Armada del pueblo y para el pueblo, expresó Hoy el Almirante Secretario de Marina, Rafael Ojeda, en la celebración del 196 aniversario de la Armada de México, en una reminiscencia al 23 de noviembre de 1825, cuando un grupo de marinos, encabezados por el Capitán de Fragata, Pedro Sáinz de Baranda, realizaron el bloqueo a la fortaleza de San Juan de Ulúa en Veracruz, y logró la rendición del último reducto español en territorio mexicano, así se concluyó en el Mar, la independencia de nuestra patria.