El estado de agonía en que se encuentra el PRI se ve reflejada en el hecho de que uno de sus pilares, la otrora poderosa Confederación Nacional Campesina, dejó de pagar a sus empleados con mayor antigüedad y mantiene cerrada su sede, en la colonia Tabacalera de la Ciudad de México.

Empleados de la central denunciaron que desde que empezó la pandemia del Cóvid-19, todos los empleados con antigüedades de entre 20 y 30 años fueron enviados a sus casas pero sin goce de sueldo.

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Les dijeron que la suspensión de labores solo sería por 40 días y que después de ese lapso todo mundo regresaría a sus labores y volverían a cobrar con normalidad.

Pero desde entonces, todos esos empleados han dejado de cobrar, lo mismo que otros con menor antigüedad, a quienes también les fue suspendido el pago sin motivo aparente y sin previa notificación.

Los inconformes indicaron que la sede de la CNC, que encabeza el diputado federal del PRI, Ismael Hernández Deras, permanece cerrada y nadie da la cara para saber cuándo cobrarán los salarios caídos y sobre todo, cuándo se normalizarán los pagos del personal.

Los trabajadores están desesperados, porque al suspender el pago de salarios, la CNC también dejó de entregar al IMSS las aportaciones correspondientes, lo que afecta la cotización necesaria para aspirar a una jubilación digna.

Añadieron que la secretaria de Finanzas y Administración de la CNC, Alma Verónica Ortiz Gallardo, no recibe a los inconformes y ha dejado de recibir llamadas telefónicas, mientras que el dirigente nacional, Ismael Hernández Deras, de plano está ilocalizable.

Los trabajadores de la CNC ya se preparan para presentar demandas laborales en contra de la central campesina, así como acciones de protesta como plantones afuera de la sede nacional del PRI y en la Cámara de Diputados.

JC