Cuando en gira por Tamaulipas el presidente mexicano suplicó a las bandas criminales que “se porten bien” y que permitan que el Ejército cargue gasolina para sus vehículos, en ese momento López Obrador reconoció que el Estado fue derrotado y que la victoria es de los criminales.

Cuando el presidente mexicano pide “actuar derecho” a las bandas criminales que han convertido a Tamaulipas, a Michoacán, a Veracruz y a la Ciudad de México en territorio sin ley, en ese momento López Obrador está reconociendo un acuerdo de facto con el crimen y está aceptando que traiciona a los ciudadanos y que incumple la Constitución.   

Cuando López Obrador ordena a militares, marinos y policías no usar la fuerza letal del Estado –las armas–, contra las bandas criminales, en ese momento el presidente mexicano está reconociendo la derrota de su gobierno y la victoria de las bandas del crimen.

Y cuando López Obrador persigue a los evasores fiscales pero nada hace contra el robo, el secuestro, el asalto, el cobro de piso la extorsión y el explosivo crecimiento de “jefes de plaza” que controlan y cobran por proteger todas las formas del crimen, en ese momento López Obrador reconoce el fracaso del Estado, de su gobierno, de su partido y también avala la victoria del crimen.

Dicho de otro modo, que en los primeros nueve meses del gobierno de López Obrador, el presidente mexicano hizo “el milagro” de destruir al Estado y de transferir sus facultades fundamentales a manos de las bandas criminales.

¿Lo dudan? Vamos por partes.

1.- Como todos saben el Estado tiene, entre algunas de sus facultades fundamentales, el uso de la fuerza, el cobro de impuestos y la seguridad de las personas y sus bienes.

2.- Como lo vimos en Tamaulipas –y como lo reconoció el propio presidente–, en esa entidad el poder y está en manos de las bandas criminales, no del gobierno estatal y menos en los gobiernos municipales.

¿Por qué?

Porque si el propio presidente Obrador debió suplicar a capos y matarifes que “se porten bien”, que “actúen derecho” y que permitan que los militares y los marinos tengan acceso a la gasolina para sus vehículos, entonces el presidente está reconociendo que el poder no está en el gobernador sino en los jefes de las mafias.

3.- Pero además, en Tamaulipas, el crimen organizado cobra un impuesto nada barato a todos los ciudadanos. Sí, las bandas criminales “dejan trabajar” a ladrones, secuestradores, extorsionadores, ladrones y rateros a cambio de una cuota; un impuesto que pagan los ciudadanos que son robados, asaltados, secuestrados, extorsionados y que deben pagar por protección y por piso.

4.- En Tamaulipas las distintas policías no reciben órdenes de los gobiernos municipales, del gobierno estatal y menos del gobierno federal. No, en Tamaulipas la policía toda está bajo las órdenes de los jefes de plaza y no son policías para cuidar a los ciudadanos sino para garantizar las rentas que pagan los ciudadanos a los barones del crimen.

5.- En pocas palabras, en Tamaulipas las bandas criminales ya sustituyeron las funciones del Estado en los básicos del propio Estado como el cobro de impuestos, como tener el monopolio de la violencia y como garantizar la seguridad.

En Tamaulipas hasta el presidente debe pedir permiso para acudir al Estado, para recorrer sus pueblos y hasta debe habla a los criminales con un lenguaje “suavecito”, “candoroso” y “amable”, como si estuviera hablando con socios a los que suplica cumplir los compromisos pactados.

¿Qué pactó el presidente con las bandas criminales?

¿Qué les debe el presidente a los mafiosos del crimen?

¿Por qué la cobardía del presidente, como la vimos en Tamaulipas?

Le guste o no a los fanáticos de AMLO, a los políticos trapecistas y a los opositores, lo cierto es que cuando el presidente Obrador suplica en Tamaulipas está reconociendo la victoria del crimen y la derrota de su gobierno.

¡Se los dije, se le llama cobardía de Estado!.