La geopolítica como ciencia, facilita para el tomador de decisiones, que considere los beneficios que deben asumirse para que el Poder Nacional, tenga el debido funcionamiento, la historia del mundo tiene, precisamente, en las adecuadas medidas, la manera en cómo han de seguir existiendo o no, las naciones a partir de cómo sus gobernantes asuman su responsabilidad, ante las circunstancias mundiales, que sin duda, tiene una afectación para el devenir de una sociedad, de una nación.

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Luego entonces, lo que significa este siglo, es precisamente, qué gobiernos, qué tendencias políticas, qué instituciones, pero sobre todo, que Estados, podrán seguir el proceso que impone la globalización y la rivalidad presente entre las potencias de nuestro momento.  A nivel global, después de la parte más critica de la pandemia del COVID-19, la constante interrogante era cómo será el mundo cuándo, la humanidad haya dejado de lado a la emergencia sanitaria y cuáles serán los efectos para la coexistencia entre naciones, pues las cadenas de valor se vieron interrumpidas, los precios de los hidrocarburos, cayeron por debajo de los cero dólares, desabasto en determinados productos e incertidumbre de cuánto durarían las cuarentenas en todo las naciones del mundo (salvo Nueva Zelanda). Afortunadamente, la conectividad entre personas, se mantuvo a través de las redes sociales y de la amplia capacidad tecnológica con que la humanidad cuenta en nuestros días, aunado a un conocimiento científico, han permitido la posibilidad de ir atenuando al nuevo coronavirus y a todas sus variantes hasta el momento.

Sin embargo, el aislamiento, la caída económica, la mala atención ante el impacto pandémico, pérdida de empleos, falta de capacidad financiera y ante todo, la incertidumbre de la capacidad de algunos gobiernos para enfrentar los retos futuros, están poniendo en duda la conveniencia de los regímenes basados en el populismo (tanto de derecha como de izquierda), por ejemplo, Marine Le Pen ha ido teniendo peso político en Francia, por lo que ha ido adoptando posturas menos radicales para mantenerse en el ánimo de sus actuales seguidores. Misma situación la pudimos observar con el fracaso de Donald Trump para mantener lo que a principios del año pasado era el asegurar su segundo mandato, pero ante un manejo pésimo de la pandemia y de sus implicaciones económicas, abrió las puertas para que la sociedad estadounidense reaccionara y retomara su tradición democrática.

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En Europa del Este, el Primero Ministro Víktor Urban de Hungría esta siendo señalado por las pésimas decisiones ante la crisis de la pandemia, como también, Janez Jansa en Eslovenia, lo mismo acontece el Polonia con Jaroslaw Kaczynsky, cada uno de estos dirigente asumieron el mando de sus respectivos gobiernos en el pleno apogeo de la fama de Donald Trump. La pandemia ha sacudido la conciencia de diversas naciones para realizar una introspección de lo que desean para su futuro inmediato.

Si en Europa del Este se encuentran ante una disyuntiva por sacudirse el populismo, en América Latina, la victoria en Perú de Pedro Castillo, quien se ha autonombrado maoísta, leninista, marxista, lleva a su nación a un club nada selecto de gobiernos con clara tendencias populistas como el de Argentina, Bolivia, Brasil, Venezuela, Cuba, Nicaragua y México; una situación que pone en vilo a la fragilidad del sistema democrático que se ha ido forjando con los años, sobre todo, a partir de la caída de la Unión Soviética, América Latina poco a poco fue fraguándose un camino más acorde a las necesidades de la globalización.

Sin embargo, los resultado de los gobiernos de centro y de derecha al frente de las naciones de América Latina y el Caribe fueron variopintos y no lograron consolidar una rápida y eficaz demostración que los beneficios de la democracia y el libre mercado, sí eran la respuesta para ir disminuyendo la pobreza. Desafortunadamente, América Latina, desde tiempos coloniales, pasando por su consolidación como naciones independientes hasta nuestros días no ha podido sacudirse la corrupción, la demagogia, el populismo y el asistencialismo y cuyos efectos se hacen ver tanto en gobiernos democráticos o de izquierda, pues aún no pueden sacudirse esa inercia.  En su momento Chile tras su transición a la democracia tras dejar atrás la dictadura de Augusto Pinochet, se perfiló como una solida democracia liberal, sin embargo fue alcanzada por esas olas populistas, que tiene en vilo al propio gobierno Sebastián Piñera.

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Ahora bien, sí bien durante la Guerra Fría la injerencia estadounidense era visible y palpable, ahora lo es la de la Federación Rusa y ante todo de la República Popular de China, en búsqueda de los recursos estratégicos del siglo XXI como el gas y el coltán, además de redefinir los mercados mundiales en la propia isla continente: América.

Los gobiernos de Obama y de Trump desatendieron la región centrándose en casos específicos como México, para estar más atentos a los problemas globales en Europa del Este, el estrecho de las Malacas, el Magreb, Medio Oriente y Asía Central por lo que la atención hacía América Latina fue tangencial y para buscar mantener un viejo statu quo en el continente.  La pandemia sigue azotando al subcontinente y de acuerdo a los informes del Banco Mundial, la región latinoamericana ha tenido una muy sensible disminución de la Clase Media en 4.7 millones de personas, pensando que las dos principales economías de la región, como México y Brasil son las dos naciones que debido a sus características económicas, son las que más aportan con su PIB al crecimiento y desarrollo, y que por ende, son quienes han tenido el mayor impacto, para el mantenimiento de su clase media.

La geopolítica como ciencia, permite considerar las condicionantes mediante las cuales, la conflictividad entre naciones se puede ir acrecentando y se ha estado observando en la manera en como ante una situación flagrante de violación de derechos humanos en Nicaragua, la comunidad Latinoamérica, se muestra cada vez más divida, entre demócratas y populistas, cuyos efectos serán de reservados pronósticos, pues si en la doctrina de seguridad de EEUU para la región se requiere de libertad política y económica, para las tecno-autocracias como la Federación Rusa  y la República Popular de China, sus movimientos se dan en el área populista, lo que en un breve tiempo, América Latina, volverá a ser un escenario de la Guerra Fría 2.0

El mundo busca reencausar su mirada a la democracia y a la libertad económica, pero con un mayor acento social, América Latina, se aferra al populismo como el naufrago en altamar al último salvavidas, pero peor aún, cerca esta la embarcación que lo rescatará, pero su afán de aferrarse a su causa nada sentido contrario. ¿México nadará hacia la embarcación o en dirección a la inmensidad del océano?