El país está en llamas y parece que no pasa nada.

Parece que a nadie o a muy pocos le importa.

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Sí, México parece el país en donde ocurre lo peor, pero en donde “no pasa nada”.

Parece que la violencia, el crimen y la ingobernabilidad son parte de aquella normalidad que nos prometieron como el mejor de los mundos. 

Peor aún, parece que como sociedad nos hemos acostumbrado –a fuerza de violencia, crimen, robo, extorsión y corrupción–, a la mala vida y al peor paisaje de lo impensable.

Y es que en la medida que crece el nivel de la corrupción, que se eleva el nivel de los hechos violentos; en la medida que se desbordan el crimen y las atrocidades y que resulta intolerable el cinismo del poder presidencial, parece que es la misma medida en que se tasan la indolencia y el conformismo sociales.

Y por eso obliga a preguntar.

¿Qué necesitamos, como sociedad, para que nos sorprenda y nos haga reaccionar la amenaza cotidiana, lanzada desde Palacio, de que día a día se organiza una nueva violación tumultuaria de la Constitución?

¿Qué requerimos los ciudadanos para que aparezcan los anticuerpos sociales elementales, capaces de rechazar al peor gobierno de la historia?

¿Qué necesitamos para gritar un sonoro ¡basta..! de violencia sin freno, de crimen sin fin, de extorsión creciente en el país entero?

¿De qué tamaño debe ser la mentira oficial, la polarización social, la corrupción formal y la ineficacia del Estado, para que los ciudadanos salgan a la calle a repudiar al peor gobierno de la historia?

Y es que día a día los flagelos del apocalipsis están más cerca de cada uno de nosotros; cada día vemos más cerca los rostros indeseables del fracaso llamado Cuarta Transformación.      

La violencia ya está en nuestra calle, el crimen está a la vuelta de la esquina; el robo está en nuestros parientes y amigos; el desempleo en nuestra casa, la precariedad en nuestra mesa; el fracaso económico en nuestra despensa vacía y el futuro está cancelado para niños y jóvenes.

¿Y qué esperamos para entender que 30 millones se equivocaron y que otros tantos millones deben corregir con su voto, sea en 2023, sea en 2024?

¿Qué podemos reclamar y a quién le debemos exigir, si no somos sensibles a los escándalos de corrupción, de ineficacia, de saqueos?

¿Qué podemos reclamar si a nadie sorprende la creciente crueldad mostrada por las bandas criminales, si a muy pocos asombra el nivel de las atrocidades y si nadie se asusta de que la violencia criminal ocurre en horarios estelares y a los ojos de todos?

¿Qué hacer si son muy pocos los indignados por las mentiras y el cinismo presidencial; si aún son menos los que entienden la tragedia de la desaparición de los Tres Poderes y el sometimiento absoluto de los tres órdenes de gobiernos?

¿Qué hacer frente a una mayoría de dueños de medios –prensa, radio, televisión y digitales–, que por temor o por conveniencia económica han abandonado su labor esencial de informar con veracidad y criticar con rigor y puntualidad?

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  ¿Qué hacer frente a cientos de “periodistas” y “críticos” que ofenden esa clasificación profesional y sólo se han convertido en vulgares propagandistas a sueldo de un tirano que amenaza todos los días a los verdaderos periodistas y a los auténticos críticos?

En cuatro años suman más de 150 mil muertes violentas; casi 20 mil feminicidios; se cuentan por miles las masacres, se aproxima al millón de vidas perdidas por la pandemia, se han derribado 15 helicópteros; perros han sido vistos llevando en los hocicos cabezas humanas, brazos humanos, vísceras humanas y columnas vertebrales humanas… y no pasa nada.

No pasa nada cuando la Cámara de Diputados anuncia que violará la Constitución para darle gusto a un presidente que se aproxima a las 100 mil mentiras.

Sí, México es el país en donde ocurre lo peor, pero en donde “no pasa nada”.

Se los dije.

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