En los últimos días, la actividad mundial ha sido de mucha intensidad lo que demuestra la importancia que en pleno siglo XXI, reviste la interacción constante y permanente entre los diversos actores internacionales. Por un lado, el presidente Joseph Biden, tuvo una serie de reuniones en Israel, Autoridad Palestina, Arabia Saudita y Egipto, para llevar a cabo un delicado proceso de reconfiguración de las lealtades geopolíticas en la región de Medio Oriente. 

Mucho se ha escrito y se seguirá analizando de este viaje, a razón de las diferencias que las administraciones Obama y Trump habían tenido con los gobiernos de las naciones involucradas, pero las propias circunstancias de la Guerra de Putin sobre Ucrania, han obligado a buscar soluciones a los diversos diferendos que se venían gestando a causa de las acciones beligerantes de Irán en el Golfo Pérsico y a la propia injerencia de la República Popular de China (RPCh) para hacer uso de un corredor de abastecimiento desde las costas saudita e iraní, pasando por Sri Lanka y Malaca para el envío de hidrocarburos, necesario para su posicionamiento como potencia global (no se debe de soslayar que los análisis ofrecen que la RPCh alcanzará su pico de importación en el año de 2026, con 16 millones de barriles por día, a su vez, el gas natural tendrá su máximo nivel cerca del 2040). 

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Junto a esta estratégica gira del presidente estadounidense, los esfuerzos del Kremlin se han centrado en generar confianza con sus vecinos-aliados: Turquía e Irán, que han buscado ofrecer soluciones a la salida a través del Mar Negro, desde el puerto de Odessa de cereales, sin embargo, no obstante de los acuerdos alcanzados, las fuerzas de ocupación rusas han hecho demostración e intimidación realizando un ataque, cuyos misiles impactaron en la infraestructura portuaria vital, para embarcar los granos de exportación. 

A su vez, el gobierno de Emmanuel Macron recibió al presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed, para refirmar la importancia de las bases francesas que se ubica en ésta nación del Golfo Pérsico desde 2008, la base naval en Port Zaid y la Base Áerea en Al Dhafra, así como también, el Centro de Adiestramiento del 5º Regimiento de Coraceros.  Pero si esto es trascendente para la seguridad internacional, también lo son los nuevos acuerdos que están por firmarse, gracias a la visita de Estado, con la Empresa Total y Abu Dhabi National Oil Company, que deberá concretarse en breve para que los envíos de crudo estén antes del invierno de este año. 

La visita fue exitosa para ambas partes, tanto por los acuerdos de mantener a Francia en una condición de avanzada estratégica en el Golfo Pérsico, pero lo ha sido, por la venta de más de 18, 000 millones de dólares en armamento francés que se comenzó a negociar en diciembre pasado (entre lo más destacado son 80 aviones de combate Rafale y 12 helicópteros Caracal, del grupo Airbus).

En este mismo orden de ideas, es de considerar la reformulación de la política de seguridad nacional que tiene Francia sobre el Magreb y al África Subsahariana, por los intereses que en la última década ha ido estableciendo tanto la RPCh como la Federación Rusa, que ante la actual guerra rusa de ocupación, es un frente que debe de ser debidamente atendido para evitar, cualquier tipo de situación que ponga en riesgo a la estabilidad del Mar Mediterráneo y de sus Estados ribereños. 

Si la reconfiguración en la geoseguridad europea y de Medio Oriente es importante, lo comienza a ser en el Mar de China, a razón de las recientes declaraciones del Ministerio de Defensa japonés, referentes a que, la RPCh quebrante el delicado balance talasopolítico, ante la cada vez más abierta pretensión de Beijing sobre la isla de Taiwán, esto justo tras el asesinato de Shinzo Abe, que pone a los grupos más duros de la política japonesa a incrementar la capacidad naval-militar de esta nación, para salvaguardar su integridad soberana y apoyar a sus aliados regionales. En este posicionamiento chino, se encuentran las negociaciones que mantiene con Pakistán para que el corredor económico conocido como CPEC (China Pakistan Economic Corridor, por sus siglas en inglés), para que sea incluido Afganistán, que actualmente unen a los puertos de Karachi y Gwadar, con la ciudad china de Kashgar. 

En este delicado juego de estrategias, se encuentra la venta de EEUU a Ucrania de 4 nuevos sistemas de cohetes de precisión Himars, por un monto de 270 millones de dólares, como también, es de destacar las negociaciones del gobierno checo con Washington, para la compra de aviones F-35; por parte de Rumania, se ha firmado una carta de intenciones con el gobierno francés, para la adquisición de helicópteros y submarinos Clase-Scorpène (pez escorpión en francés, submarino de quinta generación) e incluso, Eslovaquia ha anunciado la entrega de una docena de cazabombarderos MIG-29SD (caza de cuarta generación en la década de 1970, para contrarrestar a los F-15 Eagle y el F-16 Fighting Falcon, y al F-18 Hornet, actualmente siguen en uso en la Federación Rusa, como en la Fuerza Aérea de Ucrania). 

En esta observación geopolítica, no se puede soslayar sin considerar la caída de los gobiernos de Mario Draghi (provocada por el populismo de izquierda de Giuseppe Conte, golpeando el gobierno de unidad y ahora, los populistas de la derecha, tienen en Giorgia Meloni su esperanza para estabilizar al Estado italiano en las próximas semanas), así como la del propio Boris Johnson en Gran Bretaña, que ha provocado que en la bancada conservadora se presenten dos candidatos a sucederlo (Rishi Sunak ex ministro de Economía y la actual ministra de Asuntos Exteriores Liz Truss). 

El mundo como se observa, da pasos acelerados en definiciones para resguardar la paz y la integridad regional, para preservar zonas económicas y sostener alianzas, como también, rescatar antiguas amistades y lealtades, que permitan darle viabilidad al orden mundial que hoy prevalece y cuya transición sea lo más delicada posible.  No son malas las acciones nacionalistas y de la defensa de la nación, lo malo son los discursos patrioteros y populistas que enaltecen y glorifican a un líder a un caudillo como si fuera ello la encarnación absoluto de la virtud de la nación, situación más errónea y alejada de la realidad que tenemos en pleno siglo XXI, pues el tablero mundial ya nos esta ofreciendo otras alternativas de los movimientos estratégicos de los competidores. 

Mientras tanto en Palacio Nacional, la realidad global y regional, pasa por el tamiz de la virtud del líder y de su muy particular visión de los acontecimientos actuales, denostando la profesionalización de la nación y más aún, de quienes han cursado la carrera de Relaciones Internacionales, tan sólo por tener una capacidad de abstracción que permite unir las delicadas piezas de lo nacional e internacional, para bien del Estado. Graves momentos vivimos ante lo que será una dura defensa de la aplicación del TMEC, que no necesita de discurso grandilocuentes, lo que necesita es de expertos…