Desde el Senado hace falta más que guardar un minuto de silencio, más que un minuto de aplausos, más que buenas intenciones se necesitan leyes que hagan valer los derechos de las mujeres, de los niños, de los hombres, de los mexicanos, tomar decisiones más allá de las mezquindades de un partido o un gobierno. 

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Esta semana llegaron hasta el pleno de Reforma dos temas por demás sensibles y preocupantes, que levanta no solo la voz de las mujeres que se sienten desprotegidas por un gobierno que incluso desdeña su voz que pide justicia, la voz de toda una sociedad que pide protección para sus mujeres. Por un lado el feminicidio de la niña Fátima que se suma a la larga lista de mujeres asesinadas, por otro el anuncio del FUCAM, fundación que por años ha salvado la vida de miles de mujeres con cáncer de mama, que por falta de acuerdos con el Gobierno Federal y el nuevo sistema de salud INSABI dejaría de dar servicio gratuito. Hacia falta gritarlo para que las autoridades pusieran atención, las últimas noticias fueron de restablecimiento del servicio. 

Pensamos que ya habíamos superado el país de los discursos  esperanzadores -“prepárense para administrar la abundancia”- seguidos de las peores crisis, el país donde un apersona era acribillada por confusión, donde una adivina encabezaba una investigación, donde a un candidato presidencial lo mataba un asesino solitario, el país donde un terremoto lo enfrentaban mejor los ciudadanos que sus autoridades, donde encontrar a una niña, desparecida por días, en la orilla de su cama era un accidente, creímos que habíamos dejado atrás el país de lo absurdo e inverosímil. 

Hoy vivimos en el México donde van en aumento los feminicidios; pero los movimientos feministas son organizados por los conservadores y el presidente les pide que por favor no rayen monumentos ni destruyan portones, donde la fantasía de rifar un avión importa más que abastecer de medicamentos a los niños con cáncer, donde el asesinato de toda una familia y miles de desaparecidos no amerita la atención de un presidente  porque es un show, donde a los criminales se les deja en libertad porque, usted disculpe, no eran los modos, donde se cancelan obras y se pierden miles de millones porque ven un lago donde no lo hay pero no ven un cerro donde sí, donde el crecimiento cero de la economía es solo una estadística porque hay bienestar. Estamos en el momento de la historia donde todo es culpa de los demás, menos de quien gobierna, vivimos en la tierra de nunca jamás, donde nunca jamás pasa nada; pero cruzando la puerta de Palacio de Gobierno pasa todo. 

El país vive una crisis que vemos todos menos ellos, porque ellos tienen otros datos. Es el país de las culpas pero no de las responsabilidades. 

 

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En el Senado preparan el proceso electoral 2021. Van por las reformas que les allanen el camino. Usar la ley para acomodar el tablero electoral es el objetivo del partido en el poder, meter al escenario electoral a los partidos de reciente creación o desparecidos que vuelven bajo las mismas siglas, con personajes como Elba Esther Gordillo. Esto con el único y claro objetivo de Morena por conservar la mayoría de curules en San Lázaro. Sabe que de no ser así, el contrapeso real para la segunda mitad del gobierno de López Obrador va entrar en acción, metiendo en jaque al proyecto de la 4T. 

En tan solo un año de gobierno los errores son cuantificables y lo serán en las urnas electorales. Morena lo sabe y es por ello que desde ahora prepara el terreno para no perder poder. De todo esto nada es casualidad, bien saben para dónde van y sus coordinadores parlamentarios lo tienen muy claro. 

 

Todo va encaminado para que los astros se alinean a favor de Morena. El tema no es nuevo, aún no llegaban al poder y las reformas empezaron a fluir a favor, ahí están los súper delegados, vigilantes de las acciones del Gobierno Federal en las entidades y operadores del terreno electoral.  

Es momento de decir ¡Ya Basta!, ya basta de discursos, basta de improvisaciones, basta de indiferencia, basta de culpar a los otros, basta de los otros datos, basta de neoliberales, fifís y conservadores, basta de vulnerar a los órganos autónomos, basta de vivir una eterna campaña electoral. Todos debemos cerrar filas; pero no podemos hacerlo si quien va al frente insiste en romperlas.  Hoy me parece estar escuchando a López Portillo decir: “Soy responsable del timón, no de la tormenta”. Frase perfecta para exculpar lo prometido y no alcanzado.