El informe a la nación es el balance que el ejecutivo federal rinde por escrito sobre el estado que guarda la administración pública; debe atender los temas relevantes de la vida nacional, desde la mirada presidencial. Su fundamento y motivo están establecidos por el artículo 69 constitucional.

El gobernante desea mostrar a sus gobernados lo bueno que ha logrado, los beneficios que ha obtenido, cómo ha cumplido el mandato popular, expresa en números sus avances y muestra la ruta crítica que compara lo cualitativo con lo cuantitativo. El antes y después de su percepción política.

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El gobernado desea que le informen de lo que le interesa, de cómo va la economía y los beneficios que le corresponden, de cómo la sociedad es más segura y con más espacios a su favor, de cómo la política busca mejorar la participación ciudadana, la democracia y el estado de derecho, de cómo la seguridad contribuye al desarrollo y bienestar nacionales.
El gobernado con un deseo de futuro quisiera que le informen qué viene después, cómo y para cuándo, pues sabe que un sexenio es un pestañeo.

Dudo que el gobernado quisiera que le diviertan con frases o adjetivos jocosos, con pleitos de primaria o con disculpas chistosas de por qué no se ha logrado lo que es responsabilidad del gobierno.

Desde luego que no desea malas noticias, el gobernado se interesa por las buenas noticias, por las ganancias que le corresponden, por los mejores servicios con menor costo y por qué han sabido o no han podido hacer cosas de interés público o nacional con sus impuestos.

Un informe que solo busque regocijarse de supuestos éxitos no probados o señale culpables en el pasado, o que no se castiguen los abusos o incumplimientos a la ley o que simplemente exprese los buenos deseos de lo que se quiere hacer, está fuera de lugar.

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Un informe que no sea claro, preciso y distinto en su forma y contenido, no es grato al público. El informe debe enterar de lo que se ha hecho para mejorar la vida nacional y local.

Un informe respetuoso y no rijoso, que no justifique lo que no han podido hacer o mantener, que no sea un rosario de calamidades ni de demandas por incumplimiento a la ley, a los compromisos y responsabilidades contraídos.

Un informe republicano que mida los avances en las metas, que muestre los pasos logrados para el desarrollo y seguridad de la nación.

Que diga en verdad lo bueno y realista en los temas sobre la economía, la salud, la educación, la seguridad, las relaciones internacionales y cómo es que somos más respetados en el mundo.

Que hable del cuidado, atención y seguridad de las demandas, necesidades, intereses y deseos de los adultos, las mujeres, los niños, los jóvenes y la sociedad en general.
De un gobierno que respeta los poderes, las opiniones de los otros, sean partidos, individuos, grupos u organizaciones.

De un gobierno que se coordina para el bienestar social con los diferentes grupos sociales, que evita tratos con delincuentes.

Un gobierno democrático no autocrático, un gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo, no solo con mis amigos o banda sino también con quienes no comparten esa visión del mundo.

Un gobierno que no mienta, que no se contradiga, que no engañe, que no se burle, que no mal informe, que no insulte la inteligencia de las personas.

Un gobierno que no crea que lo que hace es siempre nuevo, que no pretenda botar el esfuerzo de los mexicanos por décadas, que no siga mandando al diablo las instituciones.
Un gobierno que se respete a sí mismo, que no sea indigno.

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Así es como algunos esperamos el I Informe de Gobierno del presidente López Obrador.