Es paradójico que en tanto se supone la democracia se consolida en la Ciudad de México, el retroceso de sus instituciones en torno a la rendición de cuentas es evidente.

La larga transición que ha tenido el principal órgano de representación, desde su creación como Asamblea de Representantes hasta su consolidación como Congreso de la Ciudad de México, no ha representado la consolidación de un mejor ejercicio legislativo y mucho menos la posibilidad de equilibrio para que el diálogo entre los dos principales poderes políticos.

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Este 17 de septiembre, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México presentará su Tercer Informe ante el Congreso de la Ciudad de México. Y lo hace ante una legislatura donde el Movimiento de Regeneración Nacional, por sí mismo, no cuenta ni con la mayoría absoluta ni con la mayoría calificada (Morena, 31 legisladores; Acción Nacional, 17; Revolucionario Institucional, 9; de la Revolución Democrática, 5; Verde Ecologista, 2; del Trabajo, 1, y Movimiento Ciudadano, 1).

Este lunes 13 de septiembre, el diputado del Partido Acción Nacional, Federico Döring difundió a través de su cuenta de twitter, la propuesta de Acuerdo para la sesión solemne del 17, donde debe presentarse la Jefa de Gobierno.

La ceremonia, donde se pretende que la Dra. Claudia Sheinbaum rinda su informe está marcada por la falta de comunicación entre los dos poderes: el Legislativo y el Ejecutivo de la Ciudad de México.

El de 1988 fue un año axial en la historia del poder legislativo en México pues en la ceremonia del Informe de Gobierno, realizada el 1 de septiembre, cambió su habitual formalidad. Lo escribió el gran periodista Fidel Samaniego, en El Universal: «Miguel de la Madrid Hurtado era interrumpido por la voz grave de Porfirio Muñoz Ledo (…) se ponía de pie, levantaba el índice derecho, solicitaba a Miguel Montes, quien presidía la sesión, el uso de la palabra para interpelar al jefe del Ejecutivo federal”.

La entonces oposición, tanto del Partido Acción Nacional como del de la Revolución Democrática y hoy, el Movimiento de Regeneración Nacional, llegaron al control de la Cámara de Diputados y, lo tienen, pero no cambiaron la ceremonia del denominado Informe de Gobierno.

En efecto, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su Artículo 69 advierte que, al inicio del Primer Período de Sesiones de cada año de ejercicio, el Presidente de la República debe presentar su Informe del estado que guarda la administración pública del país, aunque no señala si debe presentarse o no, simplemente debe presentarlo por escrito.

Fue el entonces presidente Vicente Fox quien inauguró las ceremonias del Informe en Palacio Nacional, haciendo omisa su presencia en San Lázaro y dejando que los Grupos Parlamentarios se encargaran del “show”. Con Andrés Manuel López Obrador, la costumbre se acentuó, al grado de no atender, siquiera, la formalidad de esperar a que la ceremonia de San Lázaro, la apertura del Año de Ejercicio, se iniciara.

En el caso de la Ciudad de México, desde que el de la Revolución Democrática (sí, la izquierda libertaria) tuvo mayoría, las ceremonias no se modificaron. De hecho, lo que fuera un recinto al que podía ingresar cualquier ciudadana o ciudadano, se cerró. Las sedes del Congreso de la Ciudad de México, hoy, están más cerradas al público que el mismísimo Palacio Nacional.

A diferencia de lo que sucede con el Informe presidencial, en el caso de la Ciudad de México, su Constitución Política señala, en el Artículo 32, Apartado C, inciso 2, que:

“La persona titular de la Jefatura de Gobierno remitirá por escrito su informe de gestión ante el Congreso de la Ciudad de México el día de su instalación de cada año y acudirá invariablemente a la respectiva sesión de informe y comparecencia en el pleno a más tardar el 15 de octubre siguiente, con excepción del último año de gobierno, que deberá acudir antes del 5 de octubre”.

Entonces, existe la obligación de comparecer. Es decir, el control parlamentario no solamente se ejerce con la revisión del informe y las observaciones, sino con la presencia del titular o la titular del Gobierno de la Ciudad. Y una comparecencia exige intercambio de ideas, opiniones, observaciones.

En la propuesta de acuerdo que difundió el diputado Federico Döring, la Jefa de Gobierno presentaría su informe ((Intervención de la persona titular…) después de que los grupos parlamentarios hayan expresado su posicionamiento. Y así, solamente. La Dra. Claudia Sheinbaum los escuchará, no los rebatirá, en ese momento, y las y los diputados tampoco lo podrán hacer cuando le toque a ella.

Ahora bien, parece que la idea de comparecer se sitúa meramente en el apartado de presentar el Informe. Pocas veces ha sido trascendente para las y los ciudadanos las ceremonias del Informe y menos la aportación real.g.

¿Los ciudadanos buscamos más de esa ceremonia protocolaria? No lo creo, sinceramente. De hecho, al elegir a nuestros representantes delegamos esa potestad de revisión y observación.

Quizá a los Grupos Parlamentarios les interese ese intercambio de ideas (o discusión) que no se dará por la burbuja con la que se cobija a la Jefa de Gobierno.

Al escribir esto me asalta una pregunta. ¿El acto de rendición de cuentas se reduce al informe de la Jefa de Gobierno? ¿O ese es sólo un espectáculo que nos interesa por morbo?

Vamos a apelar a los Grupos Parlamentarios representados en el Congreso de la Ciudad de México. Es cierto, el Movimiento de Regeneración Nacional tampoco va a generar un espacio de diálogo entre poderes. ¿Qué pueden hacer?

Bueno, la glosa del Informe implica a los demás funcionarios, las preguntas parlamentarias y la posibilidad de llamarlos a comparecer en Comisiones.

Eso es lo que los ciudadanos necesitamos, una oposición que no limite la observación y rendición de cuentas solamente al aburrido espectáculo protocolario del 17 de septiembre.

Las y los ciudadanos necesitamos que el análisis y balance que hagan de cada uno de los rubros de la administración actual en la Ciudad de México sean difundidos.

Es decir, necesitamos que ese ejercicio de “comparecencia” rebase los muros de Donceles y Allende; necesitamos que, en cada colonia, cada barrio, cada Alcaldía, conozcamos esa información que van a tener de primera mano cuando cuestionen a la Jefa de Gobierno y sus funcionarios.

No es un ejercicio sencillo, pero ante la ausencia del Movimiento de Regeneración Nacional para entregarnos madurez legislativa y ante el creciente alejamiento de las labores del Congreso de la Ciudad de México, sería algo más que importante.

Si la Jefa de Gobierno y sus legisladores traicionan la historia de la izquierda en el legislativo, la oposición tiene una puerta amplia para plantear un ejercicio ciudadano que respete al pueblo bueno … y al malo.