¿En qué momento el desequilibrio emocional y “el hambre por la vida” se convierten en factores determinantes para que se registren suicidios en personas de cualquier edad como una “salida fácil” a las situaciones que atraviesan? A pesar de que la salud mental es una condición de razonamiento, ecuanimidad y capacidad para tomar decisiones adecuadas, algunos no logran dicha estabilidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) refiere que es “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

Sin duda, las crisis por falta de amor propio, ansiedad, depresión, miedo al fracaso, las dependencias y condicionamientos sociales, contribuyen para que este fenómeno universal vaya en aumento. La mercadotecnia vertida en internet, la violencia, las tendencias de moda, las extensas redes con material pornográfico y la falta de supervisión con las amistades y en el ámbito escolar son otros factores que favorecen para que el problema se expanda en etapas infantiles y juveniles.

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Es importante estar atento a frases como: “No me volverán a ver”, “Nada me importa”, “Ya no seré un problema”, toda vez que representan llamados de auxilio. ¿Estamos preparados? Por ejemplo, Japón es sinónimo de cultura centenaria, tecnología avanzada, buenas costumbres y disciplina, representa un excelente estilo de vida, sin embargo ocupa uno de los primeros lugares en suicidios en el contexto internacional. Es probable que “quitar el hambre de la vida” responda a este interrogante. 

El Dr. Salvador González Gutiérrez, psiquiatra, especialista en enfermedades mentales, durante la conferencia que impartió hace unos días en Mérida, Yucatán, mencionó que “el suicidio es de origen precolombino y de la existencia de deidades ancestrales como Ixtab, diosa maya del suicidio. Hoy las estadísticas arrojan un millón de personas al año, cada 40 segundos se suicidan a nivel mundial a través de métodos entre los que destacan plaguicidas, ahorcamiento y armas de fuego”. ¿Por qué las mujeres no se quitan la vida con una pistola? es factible que el ego femenino no acepte el daño que provocaría en el rostro e imagen.

La sociedad continúa inmersa en el consumismo. Los temas económicos toman un realce importante, “vales mientras más tienes”. La desmotivación por la vida se manifiesta en diferentes entramados sociales como la lucha acelerada por la subsistencia en las grandes urbes que provoca estrés, mientras que la educación combate la ignorancia. Las condiciones de salud luchan a pesar de la proliferación de adicciones como el alcoholismo y la drogadicción, así como de las contrariedades familiares que acarrean. 

Ante decisión, precipitación y desvalorización, se acotan las cartas póstumas. Es irónico cómo la globalización propicia caer en trampas mentales sin solución, en tanto las enfermedades terminales y bancarrota terminan por causar pánico. La vorágine del desencanto por la vida ocasiona la pérdida de la conciencia al grado de perseguir programaciones mentales para evitar el sufrimiento y así justificar el suicidio, sin duda somos lo que pensamos.

Resulta necesario el hambre por vivir, cuidar los pensamientos y fortalecer los vínculos afectivos. La salud mental, física, espiritual y financiera mantienen al ser humano en equilibrio. Generar las condiciones necesarias de vida es tarea individual, sin embargo, contribuir para evitar ideologías suicidas es compromiso de todos. 

¡Ignoro si sabrán de mí el próximo martes! Me habla Ixtab, la guía del alma.

Facebook: Escritor Gonzalo Romero

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