El secretario Esteban Moctezuma se hace el «incluyente», pero si de verdad le importaran la igualdad y el buen trato a las personas, pondría empeño en revisar las instalaciones de la S.E.P., como la Dirección General de Profesiones, y arreglaría el trato que reciben los ciudadanos que asisten para poder obtener la cédula profesional.

Se tiene que hacer cita por internet, escoger el día y la hora de manera rigurosa y presentarse con los documentos requeridos para realizar el trámite. Piden llegar quince minutos antes de la famosa cita para «revisión de papeles». Llegas a la puerta para entrar a tu cita y te topas con el policía de la reja, no un funcionario de la dependencia, el policía de la reja, quien amable, pero cínicamente te dice que no se respetan los horarios de las citas, que no importa que hayas llegado quince minutos antes. Te dice, con una gran sonrisa, que son órdenes «de adentro». Entonces, ¿para qué saca uno cita y cumple un horario? Y no contentos con eso, el oficial pide que te formes en la calle. Te hacen esperar en la banqueta. Sí, bajo el rayo del sol y expuestos a la rampante delincuencia. No solo te pueden robar la bolsa, el celular y la cartera en la hostil y peligrosa Ciudad de México, también el título profesional original junto con todos los demás papeles que te hacen llevar. Y ahí, en la cola, puedes ver en todo su esplendor, la «corrupción tolerada» del Gobierno, esa que dice el presidente López que ya no existe. En doble fila, estorbando los carriles laterales y ofreciendo sus servicios fuera de sitio y negando el uso del taxímetro, están los taxistas de la CDMX, esos a los que defiende la señora Sheinbaum. Invaden el carril de la lateral dejando pasar un solo coche y creando caos vial. Hay policías ahí, pero como bien sabemos no pasa nada a pesar de estar prohibido estacionarse en ese lugar.

Mientras esperas a que te dejen pasar, te encuentras a mexicanos de todos los estados de la república. Sí, además de pagar $1340 pesos por los derechos del trámite, debe uno de trasladarse a la única oficina en el país que lo realiza. Había una mujer de Nayarit, quien para sacar su cédula profesional tuvo que pagar un avión de ida y vuelta, taxi del aeropuerto al lugar y una noche de hotel para poder regresar a su casa al día siguiente, claro, con todos los gastos alimenticios que corresponden, etc. Dos hermanas de Guerrero que iban en camión y estaban preocupadas por tener que regresar de noche a su estado; como no se respeta la hora de las citas, podrían estar ahí todo el día. Había una chava de Morelos, una señora de Durango, un señor de Quintana Roo y varios más en la misma situación. Sí, hay que pagar gasolina, camión, hotel o lo que sea necesario, para poder realizar un trámite en la CDMX. No es suficiente pagar los derechos correspondientes, también hay que ahorrar, faltar al trabajo o a la escuela, encargar a los niños y arriesgar la vida en ese viaje. Si el desafortunado usuario está impedido para ir y no tiene a quién otorgarle un poder para realizar el trámite, no puede obtener su cédula profesional.

Dentro de la oficina «incluyente» hay sanitarios insalubres y sin cambiador de pañales. Una señora tuvo que cambiar a su bebé en el suelo asqueroso; de rodillas y sobre su suéter. Escena que a cualquiera indignaría.

Los de Morena arman un lío por los colores de piel, por los homosexuales, por los transexuales, por los abortos, por los indígenas, por las armas, por los migrantes, por las mujeres, por los pobres, por los ricos, por la clase media, por todo; pero no son capaces de exigir que se atienda dignamente al ciudadano. Nuestros legisladores pierden el tiempo en presentar iniciativas para limitar y sancionar el uso de cierto lenguaje en las redes sociales en lugar de enfocarse en lo primordial: la atención digna al ciudadano, sin importar los colores de piel, género, ideología, religión o clase social.

México es un país gobernado con hipocresía, mentiras e indiferencia, pero el Gobierno emana de la sociedad. Si los gobernantes son unos sátrapas mentirosos, incapaces de respetar al ciudadano y cambiar la indiferencia por dignidad para todos, ¿quién tiene la culpa? Pensemos en qué hemos fallado para que ellos hayan llegado al poder, pues en verdad representan a la sociedad que votó por ellos.