En los pasados días, en el centro vacacional de Biarritz, Francia; se llevó a cabo la 45 Reunión del G7, en un momento complejo y delicado para la estabilidad del orden internacional, a causa de: la conflictividad entre EEUU y la RP de China por graves diferencias comerciales, las protestas político-sociales en Hong Kong por mantener su autonomía frente al mandato de Beijing, las crisis migratorias en diversas regiones del mundo, la factible emergencia sanitaria por el Ebola y el Sarampión a nivel global, la debida aplicación de los DDHH y el relanzamiento de la carrera armamentista nuclear; son solo algunos de los temas apremiantes de la agenda internacional de nuestros días.

Esta reunión permitió recordar cuando en 1973, el Secretario del Tesoro George Schultz en la administración de Richard Nixon convocó una reunión en marzo de ese año, para analizar la situación y el impacto que representaba para países como EEUU, Japón, RFA, Francia y Gran Bretaña, que detentaban el 65% del PIB mundial, situaciones como los resultados de la guerra de Vietnam y la decisión del cartel de la OPEP de triplicar los precios de la venta del crudo y llevar a cabo un embargo petrolero en contra de EEUU, Japón y los países de Europa Occidental. La capacidad de reencauzar el orden político-económico de estas naciones en la parte más álgida de la Guerra Fría, les obligó a reunirse de manera formal y con una agenda clara en Rambouillet, Francia en 1975, en donde se incorporó a República Italiana, con diferentes intenciones, entre otras darle certidumbre al control de los precios del petróleo, sostener el orden democrático y hacer más eficiente el libre mercado frente al bloque soviético. En la reunión de 1977 celebrada en San Juan de Puerto Rico, a instancias de EEUU y Gran Bretaña, se sumó a este nuevo organismo, Canadá, en una importante reestructuración del orden geopolítico que buscaba tener mejores condiciones de enfrentar la emergencia del ascenso de Medio Oriente y de una factible alianza con Moscú.

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Desde entonces, el G7 se consolidó como un eficiente grupo para la estructuración del sistema internacional, ya que no solo se controlaron las acciones protagonistas de la OPEP, lograron convertir a este organismo en un aliado indiscutible para el establecimiento del modelo globalizador. Asimismo, ha sido parte fundamental para en el fortalecimiento de las medidas político-económicas que coadyuvaron en la debacle del imperio soviético, gestando un nuevo orden mundial. En 1998, los miembros del G7 buscaron el acercamiento con la Federación Rusa por su peso estratégico durante la presidencia de Boris Yeltsin, se creó el G8, un nuevo orden global comenzó. Luego entonces, como refiere Klaus Dodds (geopolítico de la corriente crítica), se fue gestando una nueva arquitectura geopolítica basada en la debida aplicación del modelo neo-liberalismo, la globalización y el ejercicio de la seguridad nacional, para refrendar la soberanía nacional, donde era prioritario darle viabilidad a la seguridad internacional y con ello, garantizar el desarrollo de naciones y regiones. Sin embargo, el ascenso del terrorismo y la necesidad de dar certeza ante las crisis financieras globales obligaron a los miembros del G 7, en su reunión de Washington de noviembre de 2008 a buscar su ampliación a propuesta de la Unión Europea y EEUU. De ahí que, para la cita del G 7 de 2009 en Pittsburgh, EEUU; se concretó la ampliación, incluyéndose a México, logrando ser la organización que aglutina el 66% de la población mundial y tener el 85% del PIB global.

En esta ocasión, el G 7 enfrenta la discordia provocada por el BREXIT que encabeza el gobierno del británico Boris Johnson, la promesa de Donald Trump por lograr un acuerdo de libre comercio con Gran Bretaña, una factible recesión entre 2020-2021, aunado a los problemas de la desigualdad en el continente africano, la crisis que atraviesa el actual modelo de la globalización, así como la contaminación ambiental y el terrorismo. Por ello, la agenda que se puso a discusión versó en analizar temas torales para la seguridad internacional, como lo que acontece en materia de DDHH en Irán, Ucrania, Libia, Siria y Venezuela, pero al mismo tiempo la enorme necesidad de darle certeza a una reforma al comercio internacional que sustente a la globalización. De igual manera, la reunión buscó generar consensos en materia de desarrollo sustentable para el debido cumplimiento de los Acuerdos de París y mantener las políticas en materia de seguridad internacional para aislar los embates de terrorismo en diversas partes del mundo. En este orden de ideas, la cumbre de Biarritz trajo consigo un importante reordenamiento geopolítico como lo establece Dodds, ya que para el fortalecimiento y modernización de los procesos de la globalización se consiguió que el G 7 estableciera una serie de mesas de diálogo con el gobierno iraní, con la finalidad de darle mas control al Programa Nuclear de Teherán, lo que traería consigo que las tensiones disminuyan en el estrecho de Ormuz, para generar la confianza en los mercados petroleros en un momento en que se visualiza una próxima recesión y evitar una escalada en los precios del barril de petróleo, que podrían impactar en la economía global.

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De igual manera, las 7 economías globales, lograron un consenso para establecer un programa de acción tendiente para modernizar a la OMC, buscando reglas más equitativas y justas, sobretodo en materia de comercio digital, propiedad intelectual e industrial y derechos de autor, en donde la RP de China no está cumpliendo con las reglas de un comercio imparcial, favoreciendo a sus empresas, sobre todo, no pagando los impuestos debidos por el uso de marcas y patentes. Asimismo, ante la grave crisis ambiental que atraviesa el mundo por el desastre ecológico que acontece en el Amazonas brasileño; a propuesta de Chile (país invitado a la reunión), se logró un fondo de ayuda por 20 millones de dólares, por medio de un programa de acción en apoyo del rescate ecológico y de las comunidades locales, mismo que será anunciado en septiembre próximo en la Asamblea General de la ONU.

Bajo estos importantes acuerdos geoestratégicos, se busca que el orden democrático y de libre mercado, tenga un proceso exitoso para las potencias occidentales, sin embargo, en esos mismos días, se dio a conocer por parte de Palacio Nacional, que se instruyó el cierre de las representaciones comerciales de México en: Uruguay, Canadá, Francia, China, Japón y Bélgica, a más tardar el 31 de octubre de 2019; lo que generará limitaciones para el comercio exterior del país y su presencia internacional. La enseñanza de la reunión del fin de semana del G 7, es que las potencias están buscando darle orden y sentido a la globalización y a las estructuras que a través de estas se han construido y que será menester del resto de la comunidad de naciones el sumarse o aislarse en aras de este esfuerzo, tal como lo está haciendo Chile con su activa participación en Biarritz.

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Las autoridades mundiales buscan a través de sus decisiones geopolíticas equilibrios de poder entre las potencias dominantes, en tal sentido, la actitud de pasividad, de desdén e incluso, de aislamiento en temas que son fundamentales para el desarrollo nacional, lo que puede provocar es que se profundice la falta de crecimiento económico, pues los inversionistas buscarán mejores derroteros para seguir coadyuvando en el fortalecimiento del sistema global vigente. Con todo respeto, ¿Será que en Palacio Nacional no entienden el sistema de las alianzas internacionales?, ¿Será que en Palacio Nacional no consideran que en el siglo XXI, el crecimiento de una nación no es de autoconsumo, es de economía abierta y fuerte?, con todo respeto, siguen fallando los datos y los asesores….