La geopolítica como ciencia tiene una diversidad de campos de estudio y uno de ellos, es la Talasopolítica, fundamental para el entendimiento de los intereses nacionales en los océanos y mares del mundo, en ese sentido, no fue de sorprender, el anuncio que se dio el pasado miércoles entre los gobiernos de EEUU, Reino Unido y Australia, por medio de un encuentro virtual, en el que establecieron una nueva alianza a la que se le habrá de conocer como AUKUS.

No es rara esta acción, pues en fechas pasadas se había relanzado el QUAD (que en otras entregas de esta columna se ha analizado), con la finalidad de dar certidumbre a la seguridad regional de los intereses de las potencias ahí representadas, como lo son India, Japón, Australia y los propios EEUU; pues bien el AUKUS viene a reforzar esta estrategia, en la que el tema central sin mencionar a la República Popular de China (RPCH), es el de defender los intereses compartidos en la región Indopacífico.

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En ese sentido, es de recordar, que en la administración del entonces presidente Donald Trump se llevo a cabo una restructuración de su estructura de defensa en los Océanos Índico y Pacífico ante la amenaza constante de la Armada de la RPCH a los intereses de las potencias occidentales en dicho espacio marítimo, pensando en el constante crecimiento de las acciones de Beijing, para incrementar su proyecto nacional en el Mar de China Meridional, a causa de su interés por las islas Paracel, Spratly, el atolón de Scarborough y la isla de Macclesfield, sin dejar de lado el asedio a la propia isla de Taiwán.

Pero de igual manera, se debe de considerar que en los últimos años, la presencia de la Armada de la RPCH en esta zona, era haciendo uso de islas artificiales con fines aparentemente de investigación e incluso de turismo, pero que detrás de ello, están sus fines expansionistas por la obtención de recursos estratégicos, ampliación de su Rimland, hacer uso del Mar Meridional de China, de su pivote que le permita ejercer una nueva zona de control, que lo proyecte de manera hegemónica en todo el Océano Índico, considerando como áreas prioritarias el Golfo Pérsico, la Península Arábiga y el Mar Rojo.

En esta perspectiva en la que el gobierno de Xi Jimping está definiendo de manera estratégica el sueño chino, en la zona en conflicto, se encuentran diversos Estados como Malasia, Indonesia, Vietnam, Brunei, Filipinas y Taiwán; que por diversas condiciones geográficas y de uso de su recursos naturales, le son esenciales para la RPCH, como para EEUU y sus aliados, pues por ahí pasa cerca del 25% del comercio mundial y más aún, es parte de la estructura del collar de perlas o mejor conocido como One Road, One Belt, de ahí la necesidad que tiene de ejercer su predominio, para que a través de su capacidad económica y con el respaldo de sus fuerzas armadas, esta ruta sea la que le permita el predominio de los Océanos Índico y Pacífico, para su consolidación de potencia hegemónica frente a los EEUU y el resto de la comunidad internacional (incluyendo a la Federación Rusa de la cual ahora es aliada…. Por el momento).

Al principio de estas líneas, mencionamos el concepto Talasopolítica que debe ser ampliamente estudiado en México por su condición bioceánica, pero de igual manera, por ser un actor que será fundamental en las disputas del siglo XXI y por ser socio comercial de la principal potencia del mundo. Ahora bien, desde el pensamiento de los padres de la talasopolítica clásica, Alfred Thayer Mahan, Julian Corbett y Sergei Gorshkov, sus posturas se han unido en este entramado que ha dado como origen esta nueva alianza.

Esto a razón que, si para Mahan era esencial el control de los mares desde la condición insular y para Corbett un adecuado uso de las rutas de navegación y para Gorshkov, la cooperación internacional para ejercer control.  Cada una de las condiciones se fue cumpliendo, pues Australia se volverá la base operativa desde dónde el QUAD y ahora el AUKUS, tendrán bajo vigilancia cualquier movimiento de la armada china y más aún será un pivote para tener bajo resguardo las rutas de navegación mediante las cuales, esta región se comunica con el resto del mundo y ante todo con Europa. Por ello es altamente relevante el anuncio que dio el presidente Joseph Biden, que compartirán con Australia, la tecnología nuclear para el armado de los nuevos submarinos de la Real Marina Australiana, hecho inédito, pues solo se había tenido este gesto precisamente con Gran Bretaña, ninguno de los demás miembros de la OTAN, han tenido este privilegio, la cooperación internacional, se hace presente.

Ahora bien, el papel de Australia ha sido significativo en la Guerra Fría por haber sido pieza importante de la red ECHELON, que permitió la vigilancia de la entonces Unión Soviética en sus movimientos en el Océano Pacífico y en la actualidad con el sistema Pinegap, para la vigilancia del ciberespacio. Estos movimientos en el tablero mundial ponen en una nueva tesitura la acción de Australia, convirtiendo a esta nación, en un actor con un rol preponderante para la vigilancia y control del escenario Indopacífico, por lo que la propia RPCH a través de su ministerio del Exterior, ha expresado su molestia ante lo que consideró un socio confiable (en materia comercial) para pasar a ser, un adversario de cuidado.

Si para la RPCH fue una sorpresa (aparentemente, pues sin duda sus servicios de espionaje debieron estar al pendiente después de la activación del QUAD), también lo fueron para el gobierno de Francia, a razón de qué esta nación, había firmado a través de la empresa NAVAL GROUP, un contrato por 56 mil millones de dólares para construir 12 submarinos, en palabras del canciller francés Jean Yves Le Drian, fue un golpe a la confianza entre dos socios estratégicos y la acción del presidente Biden fue igual a las que llevó Trump en contra de sus aliados de la OTAN.

Lo cierto es, que la Talasopolítica debe de ser activamente estudiada, analizada, por las implicaciones que estas acciones tendrán en el escenario Indopacífico, tanto desde la perspectiva comercial como de la seguridad internacional, pero de igual manera, es el comportamiento que al interior de la OTAN tendrán estas acciones, pues la mayoría de los aliados a este organismo de defensa global, tienen diversos intereses en la región, que van desde la pescadería, la minería, hidrocarburos, cadenas de producción, etc., pero también, se deberá identificar las consecuencias para las naciones colindantes con el Mar Meridional de China, que deberán ir definiendo posturas muy claras de en dónde están sus compromisos y lealtades.  En ese sentido, Australia, acaba de dar un paso en la tradición británica, de velar por sus intereses nacionales y de sus intereses marítimos, definiendo su alianza con los EEUU.  Un elemento para el análisis talasopolítico es cual será la posición que mantendrán las naciones aglutinadas entorno a la Alianza del Pacífico, de la cual, México es una nación clave para su desempeño.

La salida de Afganistán, como retirada estratégica, empieza a definir sus causas y prioridades y las de EEUU, ahora se centran en la región Indopacífico y mantener a la RPCH, bajo un férreo escrutinio de cada uno de sus movimientos, lo que aparentemente es más rentable, pues su alianza con Gran Bretaña y Australia, no le deberá dejar grandes desembolsos para el erario público, deberá ser una situación de ganar-ganar, haciendo uso de socios confiables, con una visión similar de la seguridad internacional, con una identidad marítima en común y planteamiento en común: la región Indopacífico es vital para occidente.  Ahora la misión Talasopolítica, es convencer a los socios de la OTAN de esta postura frente a la amenaza que representa Beijing para occidente.

Esta reflexión es fundamental para México, por su condición de ser un actor en el Océano Pacífico, sin embargo, Palacio Nacional mantiene el romanticismo de revoluciones caribeñas obsoletas, denigrar organizaciones continentales, de las cuales orgullosamente la diplomacia mexicana consolidó al principio de la Guerra fría y que hoy es vital para la seguridad regional.  En el tablero mundial, se ha hecho una nueva jugada, ¿a México que pieza le corresponde asumir? O simplemente mirara la partida, quedando fuera de las decisiones globales.