Desde el Senado tarea mayor tendremos en el nuevo Periodo Ordinario de Sesiones que arrancó oficialmente este 1 de febrero con un rezago de aproximadamente 1,500 iniciativas, algunas de trámite y otras que van al fondo de la transformación -a medida- que busca Morena.

Las sonrisas por demás complacientes que brillan en el inicio de un periodo legislativo podrían desdibujarse cuando tengamos que entrar al debate de reformas tan importantes como la judicial que en los términos que hasta ahora plantea Morena no tendrá el voto a favor del senador que escribe estas líneas mientras en ella haya indicios de regresión en materia judicial. El financiamiento a partidos políticos, estancado hasta ahora y el cual deberá desatorarse en medio de una reforma electoral que fije las reglas del juego para que esto no se convierta en un método más del partido en el poder para sacar ventaja electoral. Por otro lado está la Ley de Amnistía que también se debatirá y algo por demás importante por lo que significa en términos democráticos para la autonomía de las instituciones es la elección de consejeros del INE que deberá sacar adelante la Cámara de Diputados, donde -alerta- Morena no tendrá dificultad para aplicar mayoriteo.

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El clima legislativo se espera intenso con la oposición y un partido mayoritario notablemente dividido en su estructura orgánica, lo cual -aunque insistan en separar- se verá reflejado en los órganos donde ostentan el poder. Morena no solo está teniendo problemas para gobernar, los están teniendo para gobernarse ellos mismos. Polevnsky, Ramírez y Luján los apellidos que ilustran los conflictos internos color marrón. Pero esto ni apena ni acongoja a su máximo líder quien sigue ensoberbecido con sus grados de popularidad.

La popularidad del presidente de la república, según los resultados Consulta Mitofsky; publicados en enero de este año, lo mantiene en el 59.6%. Popularidad no es igual a capacidad, ¿en qué momento lo rebasó? Lo que está ocurriendo en el país se debe a un mal desempeño de la inversión y el gasto público, a estrategias fallidas. Los indicadores económicos, los niveles de violencia y la crisis en el sistema de salud no son un ataque del adversario, no son los neoliberales, no es la mafia del poder, es la realidad de un gobierno que no ha hecho bien las cosas. Pero no hay cómo corregirlas si para ellos no hay error.

Para el presidente no hay problemas, son figuraciones: un descenso económico que no ocurría desde 2009; catalogado por analistas como una economía en fase recesiva, con un subejercicio del gasto, para lo cual influyeron los bloqueos ferroviarios, desabasto del combustible, suspensión de proyectos de infraestructura; en pocas palabras malas decisiones del gobierno. Cero empatía con las víctimas de la violencia que el gobierno catalogó como un show, la rifa -improcedente- de un avión presidencial, escasez de medicamentos, desabasto de insumos y un nuevo instituto de salud que no tiene para cuándo funcionar, niños guerrerenses armados para defenderse del crimen organizado, periodistas censurados… y solo estamos hablando del primer mes del año.

Coronavirus

Si de las autoridades y protocolos de atención que deben aplicarse para que el coronavirus no entre al país a cobrar vidas dependemos, deberíamos preocuparnos. Los estudiantes mexicanos procedentes de China dijeron que cuando llegaron al AICM “ni nos revisaron”. Así la preocupación y atención de las autoridades.

Juan Zepeda Hernández

Senador de la República

@JuanZepeda_