Si inédita y grave fue la detención del ex secretario mexicano de la defensa nacional, Gral. Salvador Cienfuegos, en octubre pasado en el aeropuerto de Los Ángeles, California, más extraño y sorpresivo ha sido el comunicado del desistimiento de los supuestos delitos de narcotráfico y lavado de dinero, del que lo acusaba el Departamento de Justicia de Estados Unidos, a partir de investigaciones realizadas por la agencia antinarcóticos estadounidense, la DEA.

El Departamento de Justicia ha solicitado a la jueza Carol Amon, de la Corte del Distrito Este de Nueva York, retirar los cargos en contra del ex-secretario de la Defensa Nacional de México, para que sea procesado en su país.

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La moción presentada para desestimar dichos cargos, señala que hay «Consideraciones de política exterior importantes y sensibles (que) superan el interés del gobierno (estadounidense) en proseguir con el procesamiento del acusado».

Así se ha dado a conocer en la declaración conjunta del Fiscal General de Estados Unidos, William P. Barr, y del Fiscal General de la República, Gertz Manero, difundida el martes 17 de noviembre.

En la audiencia programada para el miércoles 18 de noviembre desde Nueva York, se resolverá en forma virtual si la justicia estadounidense accede a desestimar los cargos en contra del militar mexicano.

Con el desistimienTo aprobado por la Corte Este de EU, el Gral. Cienfuegos sería puesto a disposición de la justicia mexicana, para continuar con el proceso en su contra y con la supuesta información delictiva que proporcionan las autoridades de EU a las correspondientes mexicanas.

Tal parece que la gravedad del caso no era tal, no hay conocimiento o la razón precisa que lo fundamente. No se sabe si es un efecto del resultado electoral que ha dado el triunfo a los demócratas, que encabeza Joe Biden, o si quienes lo acusaban, la DEA fundamentalmente, no poseen pruebas suficientemente sólidas para llevar adelante el juicio.

La verdad es que el hecho había sido un balde de agua fría para las fuerzas armadas mexicanas, en particular para el ejército, colocando al presidente mexicano, el comandante supremo, en una situación incómoda y con debilidad en su relación con las instituciones castrenses, debido a la forma en que abordó la situación.
La afectada estructura militar, así como las relaciones diplomáticas entre ambos países, México y EU, han sido lastimadas, poniendo en duda su actividad de cooperación institucional.

Esta situación de desistimiento no será acompañada de una disculpa pública, ni restaurará el prestigio dañado de personas e instituciones mexicanas, desde luego, habrá colocado en forma negativa al gobierno de Trump, a la DEA y al Departamento de Justicia de EU, así como a la Corte de Nueva York.

La forma en que se ha dado la detención, el proceso seguido, el desistimiento y el traslado han sido tortuosos para el Gral y para muchos mexicanos, que consideraron cómo se violó el Estado de Derecho, el debido proceso y la presunción de inocencia, veremos cómo continúa esta situación en los próximos días, una historia inédita en muchos sentidos, con muchos elementos a considerar, en los distintos frentes, los múltiples actores y factores de la justicia, la inteligencia, la seguridad y defensa nacionales.