Hace cinco meses llegó el circo al pueblo para celebrar el Día del Niño. Espectáculo montado con la esperanza de ser diferentes, de gozar aires de cambio y libertad. Las miradas sostienen el destello de creencias infantiles y de personas de la tercera edad que admiran la majestuosidad de la carpa, con luces que atraen al pueblo a la felicidad.

Anteriormente otros circos arribaron a la comunidad. Terminaron por recoger las ganancias de taquilla y huyeron sin piedad. Timados, el descontento no se hizo esperar. Embusteros y ruines, aprovecharon del pueblo la debilidad, “nada que perseguir, poco por trabajar, todo por soñar” entonces se llenaron los bolsillos a costa de los demás. Abandonaron sus puestos entre chiflidos y descontentos ante un espectáculo pobre, vinieron a saquear.

-Publicidad-

“Nos educaron para ver lo irreal”. Ahora se espera el espectáculo diferente, el pueblo bueno asiste fascinado, abarrotan la gradería con esperanza de cambio. La función comienza, la música armoniza y el júbilo de los corazones retumba entre fanfarrias y aplausos el dueño del circo aparece, con atuendo refinado, otorga la bienvenida y a cambio le celebran y festejan todo en el escenario, es un día triunfal. Las luces se apagan con ambiente de efusividad.

Entre el retoque del tambor. Da inicio la función, las luces encienden, sorpresa mayúscula el dueño del circo, transmuta y resulta ser el ¡Mago Andreu! Con sombrero de ilusiones y guantes color blanco, entre una atmósfera de transparencia, empieza aparecer y desaparecer. Mala administración, con unos cuantos “trucos” descubiertos a la luz de la verdad, adultos y niños dan cuenta de mentiras, egocentrismo y vanidad. Manipula los actos, intenta jugar con sus mentes, es un charlatán. Ante los cuestionamientos, dejan de creer en él, en su último acto aplica “la cortina de humo”. En la opacidad desacredita y echa culpas por doquier, encaprichado avienta el sobrero y capa. Una nariz roja brilla en la obscuridad.

¿Qué es esto? Es el payaso Manuelín, con dotes artísticos, entre bailes, ocurrencias y bromas. Los aplausos suenan con ritmo jovial, los adultos regresan a ser niños y creer esa realidad, se dibujan las caras infantiles ocurrentes y plenos de fantasía, entretenidos impactantes de esperanza inmersos en un mundo de comicidad. Sin embargo algo sucede, las situaciones lo rebasan, bajo el maquillaje se siente incomprendido, intenta reír cuando todo sale mal, escucha menos aplausos y empieza a preocupar. Cuando la gracia falta, la gente recuerda, que es el mismo payaso con diferentes marometas. Últimamente ganó fama por su genialidad, se nota que lleva muchos años en el negocio de entretener y difamar.

Entran al escenario los enanos, murmuran y quieren ayudarlo. Apagan la luz cuando recogen la nariz de payaso y ven al dueño del circo despojarse de la ropa, es otro disfraz que adopta. El escenario se ilumina, el trapecista hispano López aparece. Temido por su afrenta a la muerte. En las alturas, la vida sin seguridad arriesgará. Algo extraño sucede y agarrado de la escalera por sus años, no puede trepar. Con arrogancia amenazante mira al público, reina el silencio y un gesto de desagrado su rostro exhibe, ¡no puede ser! esta súbita transformación, es…

Obreitor el hombre fuerte. Intenta sostener sobre hombros un peso que excede sus capacidades, los enanos acuden a su ayuda una vez más y con gestos los hace retroceder y callar. La gente admira enajenada. El esfuerzo es sobrehumano y el cuerpo empieza a temblar. Obscurece el escenario, quien sabe si podrá. Con tantas escenificaciones se nota en el circo la austeridad.

“La conclusión no es el final, es la última frase que dicta la realidad” Me gustan los cuentos cuando parecen verdad. Es un espectáculo circense todo puede pasar. El circo llegó al pueblo para complacer y divertir, los boletos en taquilla agotados están. FIN.

Facebook: Escritor Gonzalo Romero

Te puede interesar:  "O se está con la transformación o se está en contra": AMLO