Ayer concluyó la gestión de Jaime Rodríguez Calderón, EL Bronco, como gobernador de Nuevo León, un personaje que resultó ser un fiasco total como el primer mandatario estatal supuestamente “independiente”.

La pésima gestión de El Bronco en Nuevo León confirma que las candidaturas “independientes” a cargos de elección popular no son más que una simulación, pues en el fondo, el ahora ex gobernador llegó al cargo impulsado por un sector del PRI del estado y por poderosos grupos empresariales. Entonces, ¿cuál independencia?

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El Bronco falló desde el inicio, cuando empezó a hacer lo contrario a lo que había prometido en campaña. Una de sus primeras acciones nocivas fue nombrar procurador de justicia a Roberto Flores Treviño, quien tenía vínculos con la delincuencia organizada.

Y a mitad de su mandato nombró como secretario de Seguridad Pública a Aldo Fasci –ahora ratificado en el cargo por Samuel García–   a pesar de que en algún momento apareció en una nómina de Los Zetas.

El Bronco, un espejo del fiasco de los «independientes»

Durante su gestión, El Bronco puso al descubierto los compromisos que tenía con quienes lo llevaron al cargo, al favorecer el crecimiento económico de grupos empresariales como FEMSA, al cual benefició a pesar de que en campaña había prometido que metería a la cárcel a varios de sus integrantes.

Como candidato “independiente”, Rodríguez Calderón también prometió que la armadora de automóviles KIA saldría del estado porque había obtenido grandes ventajas de su antecesor, Rodrigo Medina. Pero una vez que asumió el cargo lo que hizo fue fortalecer aún más a esa empresa.

El Bronco prometió crear una empresa de transporte público que terminara con los graves problemas de movilidad que hay en la zona metropolitana de Monterrey, pero no cumplió.

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Ni siquiera terminó de construir la Línea 3 del Metro, mientras que el tren suburbano, otra de sus promesas, se empezará a construir en la actual administración.

Y como corolario queda el descarado uso de los recursos públicos de los neoleoneses para financiar su absurda campaña “independiente” por la Presidencia de la República, contienda en la que tenía nulas posibilidades de ganar.