En la casa presidencial están asustados, desesperados ante la “diarrea” incontenible de popularidad.

Y no es para menos.

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¿Por qué?

Porque hoy, las mediciones bajaron del cabalístico 60 por ciento y, por primera vez en años, la popularidad de López Obrador llega a múltiplos del 50 por ciento.

Es decir, a once meses de iniciado el gobierno lopista ya rechazan al presidente Obrador por lo menos la mitad de los mexicanos, en tanto que otro 50 por ciento aún mantiene alguna esperanza.

¡Pero sólo han pasado once meses…!

Precisamente por eso la desesperación.

Y también por eso montajes como el que siguió a la crisis por la fallida estrategia de Culiacán.

Por eso el grosero “bozal” que ordenó desde Palacio Nacional el presidente “a los fieles borregos” del poder presidencial; bozal ordenado tanto en medios públicos como privados, en el Congreso, entre opositores y –lo impensable–, bozal presidencial que alcanza hasta a los “sesudos” académicos de instituciones como El Colegio de México.

Sí, resulta no sólo de risa loca sino de campeonato que, con dinero público, una veintena de académicos del Colegio de México vendieron su firma para apoyar el culto a la estulticia lopista.

Dicen las mujeres y los hombres de ciencia que vendieron su nombre por un plato de lentejas que –cómo chingados no–, avalan la estulticia presidencial de liberar al “chapito” porque se trató de la más sesuda, inteligente y acertada estrategia “para salvar vidas”, en el caso Culiacán.

Es decir, que el maniqueísmo lopista tiene fanatizados no a los incultos de las zonas deprimidas y menos a los pobres sin esperanza. No, la estulticia lopista convenció a los prohombres de la ciencia y la cultura de México, a sapientes y doctos académicos del Colegio de México.

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¡Ver para creer…!

Lo simpático del tema es que durante la mañanera del 31 de octubre de 2019, al cumplir once meses de gobierno, el presidente Obrador se aventó la puntada de desviar la atención por el fracaso económico de su gobierno, por el fracaso en seguridad, en empleo, en crecimiento económico…

López Obrador quiso engañar con la zanahoria “del bozal” a los periodistas, al ciudadano común, al de la calle, al que cuestiona el fracasado crecimiento económico, de cero; que reclama los 32 mil muertos violentos en 11 meses; que pide explicaciones por el fracaso en Pemex y en la CFE y por el desempleo generalizado.

¿Y por qué pretendió engañarlos?

Porque supone que los ciudadanos son idiotas y no se dan cuenta de que el gobierno lopista no ha tenido un solo acierto, una acción positiva en los primeros once meses.

Lo cierto es que López Obrador recurrió al insulto a los periodistas, al recordar una frase acreditada a los madero, luego de la dictadura de Díaz, quienes habrían dicho que los medios y los periodistas “muerden la mano de quien les quitan el bozal”.

Y es que según López, él es hoy el moderno Madero, igual que ayer fue Cristo y antes de ayer fue Gandhi.
Y según la chabacana concepción de Obrador, los medios y los periodistas críticos tiraron al gobierno de Madero.

Y como la versión moderna de Madero se llama López, entonces hoy los periodistas le deben haberlos liberado del yugo, del bozal.

Pero el típico maniqueísmo lopista ya no lo cree nadie. Más aún, por eso López pierde rápidamente aceptación social, por mentiroso y por maniqueo.

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Lo cierto es que cuando AMLO habla de censura y del bozal oficial, en realidad se refiere a la censura que su gobierno impone a medios y periodistas y al bozal que ordenó para todos sus corifeos a sueldo.

¿Cuándo han visto a la señora Aristegui, al sicario Julio Hernández, al Chapucero, a Gibrán, a Ricardo Raphael, a los moneros de La Jornada, a los corifeos “Hombres de Negro” del Canal Once y a muchos otros aplaudidores a sueldo de López Obrador.

Lo cierto es que el único bozal a la libertad de expresión es el bozal que impone López Obrador a medios públicos, privados y a sus aplaudidores.

Y si lo dudan, sólo revisen la última perla; AMLO ordenó echar de Palacio al periodista que la mañana del jueves 31 de octubre lo cuestionó de manera pública.

Es el bozal de AMLO; bozal del dictador.

Se los dije.