Estos días no han sido muy felices para el presidente López Obrador. A las presiones de las crisis por la pandemia, de inseguridad, de recursos, de caída de empleo e inversión, de migrantes, a la presión de no tener vacunas y de posicionamientos encontrados con EU, con el poder judicial, con los desacuerdos en/del proceso electoral, que afectan su manera de gobernar, que busca concentrar el poder político regional.

Su conflicto con autoridades electorales, con intelectuales y periodistas, con varios sectores organizados de la sociedad, van colmando el plato de la in/gobernabilidad.

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Las batallas cotidianas se acumulan junto con los problemas. Los reveses recientes del INE/TribunalElectoral lo colocan en una condición incómoda. No solo por el no registro de candidatos a gobernador de su partido, sino por el tema de la sobre representación, de conseguir mayoría artificial, en la Cámara de Diputados, lo que sin duda afectará las futuras reformas legislativas y constitucionales. Incluso la sucesión presidencial del 2024.

El tema del artículo transitorio que busca ampliar o prorrogar el mandato del presidente de la Suprema Corte, del ministro Zaldívar, ha generado dudas sobre el injerencismo presidencial, sobre un prorroguismo innecesario e ilegal, que lleva a la sospecha de un tufo con olor a una reelección presidencial y que ha sido tildado de dictadura tropical Macuspana.

La defensa que han hecho sus corifeos es muy limitada y la violación a la constitución por él y el legislativo, lo muestra en tono deprimente para la vida institucional de México.
Por si fuera poco, las voces en EU claman por el cambio de estrategias de seguridad, el obsoleto programa de abrazos y no balazos, se observa como una complicidad gubernamental con la narco delincuencia, que puede generar una posición drástica del gobierno de EU.

Así las cosas, el presidente batalla mucho consigo mismo, con su discurso de odio, con sus mentiras y falacias, con sus colaboradores y con la sociedad en su conjunto.
La batalla de la jornada electoral del 6 de junio, puede darle un susto mayor en sus resultados adversos, a pesar de mantener una popularidad del 60%.
Es un tiempo de reflexión, de respetar la ley y las instituciones democráticas y no de batallas en el desierto.