La historia de México nos brinda grandes enseñanzas para la vida nacional.

Los conceptos del acuerdo en lo fundamental y la unidad nacional han surgido y marcado los siglos XIX y XX, el primero con Mariano Otero que, en el contexto de una sociedad dividida propone un acuerdo en donde todos ganen, que cada quien aporte y defienda sus intereses legítimos y que genere una especie de pacto social para avanzar en el desarrollo nacional. En su gran obra sobre El Liberalismo Mexicano, Don Jesús Reyes Heroles nos heredó grandes reflexiones al respecto, que fue analizando y compartiendo en sus discursos políticos.

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El segundo, el caso de la unidad nacional, se ha vinculado al avilacamachismo, a la necesidad de atender las consecuencias posibles de la II Guerra Mundial.

En ambos casos se busca una articulación y suma de esfuerzos para un bien mayor: el bien de todos o la defensa de todos, para avanzar a un mejor estadio de desarrollo y para defenderse de un enemigo externo.

En los tiempos actuales llama la atención que desde el gobierno, el presidente, insista en un discurso que promueve acciones, que divide, polariza y confronta, ya sea al gobierno contra la sociedad, a los grupos sociales que se enfrenten entre sí, lo que obviamente soslaya una especie de acuerdo en lo esencial, con el gobierno o con la sociedad misma; o incluso las posibles convocatorias a la unidad nacional se tornan imposibles ante un insulto personalizado, o social y organizacional.

Hoy son las clases medias las denostadas, como antes han sido los ricos, los conservadores, los empresarios, los académicos e intelectuales, los periodistas, los críticos o quienes tienen visiones distintas del gobierno, del presidente o de sus militantes y simpatizantes.

Sin embargo, ni el discurso del odio, ni el pensamiento único impulsados desde el púlpito de Palacio Nacional, han podido ser aceptados por la mayoría de la nación. La libertad de expresión, la oportunidad de un ser distinto, plural y alterno, se han manifestado en distintas maneras y en todos los campos del poder nacional.

Desde luego que estas actitudes y acciones provenientes del poder federal, no pueden mirarse como actos ociosos, oportunistas o simples berrinches, ante los hechos que contradicen la visión presidencial; forman parte del estilo personal de gobernar, de una idea de proyecto que se desea imponer, que brota ante una posición distinta, un señalamiento a lo ilegal, a medidas irracionales o, más grave, a no aceptar complicidades ni mucho menos solapar a los narco delincuentes.

Resulta extraño, por decir lo menos, que el representante más conspicuo del gobierno federal, el presidente, se pronuncie a favor de la delincuencia, organizada o no, porque se han portado bien, lo que quiera significar esto, y por lo contrario, desdeñe a los ciudadanos y afecte a los organismos autónomos, o a quienes han recibido el respaldo y la confianza en las urnas, o por su trabajo y productividad, o por su esfuerzo académico o por cumplir con la ley y las normas sociales y el interés nacional.

Quien lo hace y lo sigue, se coloca en una posición delicada frente al estado de derecho, frente a los intereses nacionales y frente a cualquier tipo de racionalidad pública o social; ni siquiera por defender sus posiciones personales, de grupo o de partido, se puede caer y menos aceptar un maniqueísmo simplista de buenos o malos, de chairos y fifís, insultar la inteligencia social no lo vuelve inteligente, ni demócrata, simplemente lo muestra como es, un resentido social, un ignorante y un manipulador interesado en su propio beneficio.

El quejumbroso insatisfecho no puede ser ejemplo de nada, salvo de lo que no debe hacerse, ni de nadie, salvo para quienes no tienen más que sus deficientes cadenas mentales.

Para bien de todos, hay alternativas en el pensar, el decir y el hacer y más temprano que tarde saldremos de esta tormenta o despertaremos de la pesadilla.

México y los mexicanos somos más que ese desprecio separador que anda por palacio. Mantengamos el acuerdo en lo fundamental y trabajemos la unidad nacional en beneficio de todos.