El lunes 7 de junio de este año, Ramiro va a levantarse temprano porque debe llegar temprano a su trabajo. El “incidente” de la Línea 12 lo obliga a salir más temprano de su casa para llegar al trabajo. Ya van dos avisos del jefe, molesto por los retrasos.

Ese mismo día, doña Clara irá al mercado, como la Patita, a comprar las cosas del mandado. Los precios seguirán aumentando casi imperceptiblemente, salvo al momento del pago cuando ella se dé cuenta de que es más lo que pagará.

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Este sábado, 5 de junio, un diario de circulación nacional informa la opacidad y excesivo gasto que tuvo las LXIV Legislatura de la Cámara de Diputados. Los recursos que han ido a parar al bolsillo de muchos políticos como “pago” de una producción muy, muy raquítica.

El 6 de junio, miles de ciudadanos acudirán a votar a su casilla respectiva y presumirán su dedo pintado y el sentido de su voto. Por la noche unos festejarán y otros llorarán, algunos más, en la ira por los resultados, platearán un cambio de sistema, de gobiernos, de país; argumentarán fraudes, transas, inequidad en la contienda.

Una “nueva” clase política se preparará para tomar las riendas de gobiernos y de curules. El juego del reparto iniciará mientras los derrotados buscarán cómo detener la marcha del tiempo. Un largo camino de impugnaciones y de descalificaciones se elevarán en la prensa nacional.

Sin embargo, este 7 de junio, lunes, ya iniciando el último mes de la mitad del año, el desempleado continuará su pena por mejores tiempos, los restaurantes esperarán clientes que consuman –por lo menos, un café-, las calles oscuras esperarán, con delincuentes abordo, a las víctimas. 

Con el inicio de clases presenciales, por el semáforo verde, el caos vehicular y los peligros de contagios se incrementarán. Las autoridades poco podrán resolver.

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La elección del 6 de junio, la más grande de toda la historia en México, como se le ha bautizado, representa algo importante para la movilidad de nuestras clases políticas. ¿Qué representa, que sentido o incentivo tiene para los ciudadanos comunes?

Sí, el principio de la democracia es la elección. Es cierto. Pero la democracia no resolverá todo; el sufragio no traerá, por sí mismo mejores gobiernos o mejores legislaturas. El sentido de la representación se ha perdido, eso hay que entenderlo. Pocos ciudadanos se sienten representados.

De pronto, al cargarle todo el peso a la democracia, también dejamos que la leyenda para aportar soluciones creciera. La democracia resuelve el quién y el cómo gobierno, no resuelve los problemas por obra de magia.

Este 6 de junio inicia un camino de ciudadanía, ya sabemos que “todos los partidos políticos han fallado”, sabemos que la “post verdad” existe y que todas las promesas de campaña se escapan como el agua entre las manos.

Lo primero es reflexionar el voto: ¿cumplieron sus promesas, son capaces de concretar lo que prometen, están ligados a la delincuencia organizada, que resultados han dado como gobernantes o legisladores? La molestia ya nos hizo tomar malas decisiones, no sería adecuado que suceda de nuevo. 

El 7 de junio no se resolverá nada luego del voto dominguero. Ahí inicia un proceso de ciudadanía: exigir la rendición de cuentas, exigir que cumplan con sus “promesas”, hay revocación del mandato, hay posibilidades de cuestionar a las y los electos, presionarlos. 

El 6 de junio no acaba la decisión que tomemos en la boleta electoral; si no queremos quejarnos mañana, iniciemos este 6 de junio ese proceso ciudadano que, de tanto repetirlo, hemos olvidado.

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José Alberto Salazar Márquez