Las mentiras y la demagogia empezaron antes del informe mismo; se vieron desde la propaganda y los spots.

Incluso en las mamparas de fondo del estrado donde el presidente leyó su mensaje se hablaba del “Tercer Informe”, lo cual es una clara violación constitucional.

En la práctica, sin embargo, se trató de la tercera ocasión en las que López Obrador ensaya una peculiar rendición de cuentas; informe que no fue otra cosa que más de lo mismo; replica de las mañaneras cotidianas.

Es decir, vimos y escuchamos lo mismo que todas las mañanas, en un escenario semivacío –más de la mitad de la sillería no fue ocupada–, pero sobre todo la escena la dominaron la mentira presidencial, la pulsión oficial por la ilegalidad y, en especial, el culto a la demagogia.

Mentiras flagrantes como la supuesta “felicidad” de los ciudadanos; como la premisa de que el gobierno federal ya no interviene en las decisiones de los Poderes Legislativo y Judicial, y como el engaño de que gobierno de Obrador respeta las libertades y los derechos fundamentales, cuando todos saben que padecemos una escandalosa pérdida de derechos y libertades.

Pero acaso la mayor demagogia la exhibió el presidente Obrador al hablar de la situación económica del país y de la inseguridad.

En el primer caso el maquillaje de cifras económicas fue no sólo grosero sino ofensivo para la realidad de las familias mexicanas, al grado de inventar que su programa estrella “Jóvenes Construyendo el Futuro” es parte del millón de supuestos empleos creados en la joven gestión de Obrador.

En el tema de la inseguridad la demagogia llegó a clímax, ya que el presidente Obrador nunca reconoció el fracaso de su política para poner fin a la escalofriante masacre en la que se ha convertido el recuento diario de muertes violentas; poco más de cien mexicanos pierden la vida todos los días y el presidente no habló una sola palabra de ello.

Nada dijo de los poco más de 26 mil muertes violentas registradas en sólo 9 meses y mucho menos habló de la epidemia de feminicidios y del evidente fracaso de la Guardia Nacional.

En el fondo, vimos lo que todos los días exhiben un presidente y un gobierno que llegará a su primer año en medio de la mayor crisis de violencia, desempleo, inseguridad e ingobernabilidad.

Pero si queremos ser rigurosos, debemos reconocer que la noticia del Primer Informe de López Obrador no fueron la mentira, la ilegalidad y tampoco la demagogia. No, la verdadera noticia fue la amnesia por los crímenes de Estado y la destrucción de la democracia.

¿Qué dijo el presidente sobre el accidente en el que perdieron la vida Martha Érika Alonso, la gobernadora  de Puebla y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle?

Nada, ni una sola palabra de una tragedia que cada vez tiene más tintes de crimen de Estado.

¿Qué dijo el presidente sobre los groseros atentados a la democracia que son la “Ley Bonilla”, la “Ley Garrote”; sobre la reelección de Martí Batres, de Porfirio Muñoz Ledo; la destrucción de los organismo autónomos y el desprecio por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, a la que nunca citó? Nada, ni una sola palabra de temas centrales para la democracia.

Peor aún, durante el Informe, los medios de comunicación se volcaron a favor de una abyecta trasmisión en cadena nacional –medios públicos y privados–, que no paró de elogiar las mentiras más ofensivas; como el fin de la corrupción, del desempleo o la mentirosa creación de cien universidades que nadie sabe dónde están y cuánto dinero cuestan.

Resultó de vergüenza que en todas las emisiones especiales –de todas las frecuencias de radio y televisión–, no existió una sola voz crítica al las mentiras, la ilegalidad y la demagogia del gobierno y del presidente.

En cambio los supuestos “expertos” y “analistas” se desbordaron en elogios, a pesar del evidente fracaso en los primero nueve meses de gobierno.

Y por supuesto que los medios privados y oficiales ignoraron, casi en su totalidad, la marcha que, contra López Obrador, contra sus mentiras, su demagogia y sus engaños llevaron a cabo miles de ciudadanos que caminaron del Ángel al Monumento a la Revolución; mexicanos que parecen ser los únicos que entienden que no se puede gobernar a partir de la mentira, la ilegalidad, la demagogia y la cobardía del Estado.