¿Dónde quedó la oposición en el Congreso?

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Si bien es cierto que hemos visto demasiados errores de los legisladores de la nueva mayoría encabezada por Morena, también es verdad que en la acera de enfrente —en la de los diputados y senadores de oposición— se han visto muy pocas reacciones y propuestas para ganarle batallas al nuevo discurso oficial.

Por ejemplo, hace unos días un par de voces disonantes a ese discurso salieron a condenar el plagio absoluto que los senadores morenistas llevaron a cabo con las reformas a las leyes del Seguro Social y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado. Por increíble que parezca, presentaron como suya una iniciativa de 2010 y ni las comas le cambiaron.

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La semana pasada, en la Cámara de Diputados, solo unos cuantos se atrevieron a alzar la voz, luego del circo montado por los diputados de Morena que acusaban a sus opositores de ser “traidores al pueblo” por no aprobar la eliminación del fuero a servidores públicos. La condena tuvo que venir desde las redes sociales —por parte de ex legisladores del PAN y Movimiento Ciudadano— que exhibieron a los lopezobradoristas por mantener congelada la minuta sobre el fuero en el Senado e, incluso, por haberles aplaudido en abril pasado por la eliminación de esa figura jurídica.

Los ejemplos de la pasividad opositora en el Congreso abundan. Y todo puede explicarse debido a que los partidos que podrían jugar el rol de contrapeso legislativo -PAN, PRI, PRD y Movimiento Ciudadano- están más concentrados en sus batallas por el control de sus institutos, que por contener la aplanadora que, desde el ahora partido en el poder, les quieren aplicar.

Y si bien el pasado 1 de julio la mayoría de los votantes decidió terminar con 21 años de pluralidad en el Congreso, para darle todo el poder a una sola coalición, los partidos que hoy se ven disminuidos y que son calificados como “débil mayoría”, deberían sacudirse el miedo que parecen tener para defender el papel fundamental que juega un poder legislativo independiente en toda democracia.

Aunque se trate de una posición políticamente incorrecta para los tiempos que se viven, los diputados y senadores opositores de hoy podrían mostrar como cartas credenciales de un congreso plural, las más de mil 600 reformas que se concretaron en el legislativo de 1997 a la fecha, y que permitieron que pasáramos de ser un país de un solo partido y del presidente en turno, a una joven democracia con contrapesos en los tres poderes, órganos autónomos y alternancia en el poder, entre otros cambios fundamentales.

Si los legisladores no logran fortalecer y hacer escuchar las voces distintas en el Congreso de la Unión, se corre el riesgo de que en las elecciones intermedias de 2021 la aplanadora a la que hoy se enfrentan, sea total y apabullante.

Por lo pronto, el presidente ya dijo que la semana próxima se presentará la iniciativa para cancelar la reforma educativa. ¿Será que el PRI, PAN o PRD saldrán a defender una de las reformas insignia del llamado Pacto por México? Hasta ahora, no parece posible.