El pulso gubernamental pasa por los latidos de una boda ocurrida en Antigua, Guatemala.

Por encima de la crisis de salud, de inseguridad, de la economía social cotidiana, de la ingobernabilidad local.

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Las consecuencias del hecho han ocurrido de inmediato, en lo público y lo privado del poder mismo, las renuncias y las muestras de inconformidad corren parejo. Va directo a la forma de vida, una doble vara para medir la conducta de los familiares y los cercanos, se permiten los derroches y excesos de quienes están cerca de la querencia, pero se castiga de inmediato a quienes juegan la función del fusible, para ejemplificar que no se mueve una hoja sin la aprobación del poder, y así avanza la sospecha de por qué crece el control de la delincuencia en el territorio nacional o cómo es que los recursos públicos son botín de los cercanos.

La inteligencia financiera es un brazo de combate al lavado de dinero, que pasa a segundo término ante la violencia de un supuesto código de conducta, impuesto por el poder a la par de otros datos desconocidos.

La renuncia de una secretaria de turismo de la Ciudad de México y del titular de la UIF, suenan a un juego de suma cero caprichoso, en el equilibrio colaborador para la sucesión presidencial. Una lealtad que obnubila la razón y cancela la posible vida privada, aún con la anuencia de los jefes, se descuida así la aprobación previa del evento, el viaje o la boda, para caer en una derrota traicionera. Los intereses están a la orden del día, se colocan por encima de los deseos y las necesidades.

Se aprovecha la ocasión para enviar un mensaje autoritario y de control, en plena crisis de descontrol, de que nadie se quiera pasar de listo, aunque sea el deporte gubernamental, esperemos que se tenga cuidado de no alterar más aún el estado de derecho y la vigencia del orden constitucional y jurídico y, que no se abuse, como ocurre con el caso de negar las vacunas a los mexicanos que la requieren, por caprichos no reconocidos de agradecimientos a quienes tienen la obligación de atenderlos. La crisis del sistema de salud, de atentados contra la vida de niños, mujeres y adultos por carencia de medicamentos es una causa mayor que no logra sostener ningún discurso de igualdad, ni de justicia o libertad, ni siquiera dicho en el extranjero.

La resonancia del discurso presidencial en el Consejo de Seguridad de la ONU, ha encontrado respuesta en la crítica situación mexicana, el pretendido farol hacia el mundo, encuentra la oscuridad en el país que da la oportunidad de usar un escenario amplio, y que ya ha encontrado respuestas, en voces aliadas de representantes internacionales, que enseñan para qué sirve dicho Consejo y de las críticas y contra propuestas hechas, a lo que ahí se ha dicho.
Valen los buenos oficios del exrector de la UNAM, en calidad de embajador, que a pesar de la injuria recibida ha apoyado la voz presidencial, pero desde luego, no ha podido controlar las provocadoras inventivas, de lo que se conoce muy bien sobre los problemas de México y el mundo. Que estarán presentes, junto con las consecuencias de la boda, en la situación de las crisis nacionales y locales, pues las crisis internacionales están fuera del alcance, conocimiento, responsabilidad e interés geopolítico del poder en turno.