Es cierto, le ponemos mayor atención a las personas o cosas cuando fallan. Cuando funcionan bien o cumplen su cometido o para lo que se espera están hechas, ni siquiera reparamos en ellas.

¿Por qué nos interesa la frontera norte? Porque hay demasiada violencia, mueren migrantes calcinados, la delincuencia comete actos criminales, nadie pone un alto, dificultades con el agua, con el trasiego de drogas y de armas, de personas, con la luz, de Baja California a Tamaulipas.

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Nos preocupa la vacunación por el temor a perder la vida, a contagiar a otras personas, porque no hay suficientes vacunas. Los dichos de que ya están las vacunas tienen meses, los trámites para conseguirlas están muy manoseados, la logística es muy pobre y muchas veces indigna para los sujetos receptores de las vacunas, se pierde mucho tiempo, finalmente no hay un orden lógico, que desgasta y molesta, lo mismo al personal médico que a los de la tercera edad, la presencia de personal civil que muestra otros intereses, como los electorales, distorsiona todo el sentido de una política de salud o de desarrollo social.

Como hay fallas en la atención a los problemas de la frontera norte o a los que tiene que ver con la vacunación o salud, y debido a que los medios y redes sociales comunican y difunden en el momento en que ocurren los hechos, la desilusión brota, causa mayor atención y la posible respuesta gubernamental sigue siendo lenta.

La autoridad en lugar de atender y resolver el problema, lo distorsiona, lo complica más y busca chivos expiatorios, en lugar de asumir su plena responsabilidad o compromiso.
Esta situación de percepción de los problemas de interés social o nacional muestra que el elefante reumático seguirá siendo tal, que no hay interés en curarlo o mejorarlo y que el tratamiento que se le da, siempre es contraproducente.

la acumulación de problemas día a día llevará al colapso gubernamental; la fuga de un problema a otro no conlleva la solución del anterior, como se ha visto, la planeación estratégica no es lo fuerte de la administración actual y por ello la sociedad está en muchos casos, en un estado de indefensión.

Sin vacunas, sin luz, sin agua, sin seguridad, sin empleo, sin la atención que la sociedad merece. Sigamos cuidándonos por nosotros mismos, con responsabilidad social y en su momento, apliquemos el voto para premiar o castigar a quien no cumple su palabra empeñada.