Evo cayó del poder por desgastar su capital político, por intentar perpetuarse en el poder. Evo dio “resultados” y aún así cayó.

¿Que tan rápido va a caer otro que vive del capital político pero que no da resultados?

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El ex presidente de Bolivia, Evo Morales renunció tras 14 años en el gobierno. Se vio obligado a hacerlo porque se comprobó que la elecciones fueron fraguadas para declararlo ganador para un nuevo período. Afortunadamente,  hubo una fuerte resistencia ciudadana que no toleró que le roben las elecciones y ante la movilización popular de casi tres semanas, las fuerzas armadas y de seguridad expresaron su descontento. De este modo se pone fin al intento del mandatario populista de perpetuarse prácticamente como presidente vitalicio.

La renuncia es el resultado de un proceso iniciado hace unos años por los propios seguidores de Evo. El artículo 168 de constitución del Estado Plurinacional de Bolivia vigente desde el 2009 establece que el presidente puede “ser reelecto por una sola vez de manera continua”. La nueva denominación que adquirió el Estado permitió al mandatario dos términos más de gobierno. Debido a esta limitación, en febrero de 2016 sus seguidores impulsaron un referendo para habilitar al presidente a competir por un término más. El rechazo a una nueva reelección sumó el 51,3% de votos contra 48,7% a favor. La participación electoral fue del 84,47%. Los derrotados desconocieron el resultado y apelaron al Tribunal Supremo Electoral, conformado por una mayoría oficialista. En diciembre del 2018, éste habilitó a Evo Morales a buscar una tercera reelección justificando su decisión en el respeto a los derechos humanos. En octubre de 2019, se realizaron las elecciones presidenciales para el período 2020-2025. El recuento provisional oficial de los votos daba una victoria insuficiente a Evo Morales. Ello obligaba a una segunda vuelta. Sin embargo, el escrutinio fue suspendido por 20 horas sin previo aviso y una vez restablecido dio por ganador al presidente por un margen de 0,14%. Posteriores auditorías internas y de la OEA calificaron al procedimiento electoral como “viciado de nulidad” disparando la ola de protestas ciudadanas.

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El propio presidente, sus seguidores internos y externos señalan que se trató de un golpe de estado “cívico, político y policial” al explicar que las fuerzas armadas le pidieron que renuncie. Lo que en verdad ocurrió fue que las mismas no se sumaron al continuismo presidencial sostenido por el fraude electoral y la represión a los opositores.

Todo el gobierno de Bolivia siguió al mandatario en la renuncia y ahora se enfrentan momentos de incertidumbre. Le corresponde a la dirigencia política del país resolver cómo continúa el proceso que deberá lograr el nombramiento de un nuevo presidente y casi con seguridad llamar a nuevas elecciones, esta vez sin fraude.

Hasta ahora la victoria electoral de Evo sumaba otro jalón para la izquierda en América Latina. A partir de los incidentes en Ecuador, Chile, la victoria electoral del kirchnerismo en la Argentina y la reciente liberación de la prisión de Lula Da Silva parece recuperar terreno. Estos hechos son ampliamente festejados por los integrantes del Grupo de Puebla reunido ahora en Buenos Aires. Este movimiento se ocupa tenazmente de resaltar las situaciones de desigualdad o injusticia económica y social de las democracias de la región al mismo tiempo que justifica cualquier tipo de violencia social y política.

Sin embargo, la protesta ciudadana y la renuncia del mandatario boliviano parece poner un límite en base a tres aspectos que deberían tener en cuenta. A diferencia de lo que ocurre con los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, que se apoyan en el empleo de las fuerzas armadas y grupos parapoliciales para la represión y control de la oposición para mantenerse en el poder, los gobiernos legítimos deben surgir de elecciones libres, competitivas y limpias. Segundo, la ciudadanía puede rechazarlos en elecciones con las características mencionadas. Por último, la alternancia es una posibilidad que deben aceptar y acatar cuando el voto popular es contrario a los gobiernos que una vez que se instalan en el poder creen que no deben retirarse porque cuentan con un mandato que está por encima de esa voluntad ciudadana. En vista de estos resultados, solo sosteniendo simultáneamente los valores de la libertad y la justicia, los habitantes de la región alcanzarán la paz y la felicidad.

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Una cosa mas: No perdamos de vista que ahora que se cambie la judicatura federal, López ya tendrá el control sobre todo. Cámara de diputados, Cámara de senadores, CNDH, Poder Judicial y Guardia Nacional.

Hace unas semanas  López dijo;

“Si por mi fuera, yo desaparecía al Ejército y lo convertiría en Guardia Nacional , es decir declararía que MEXICO es un país pacifista, que no necesita ejército, y que la defensa a la nación en caso que fuera necesario, la haríamos todos los mexicanos”

¡Abusados!

Daniela Acosta Borquez